Pellicer entrega a A.Gamoneda la Medalla de Honor

(Juan A. Pellicer entrega a A.Gomenada la escultura)
Dicen que Antonio Gamoneda es poeta «como los de antes», de la cabeza a los pies, rotundo. Dicen también que su poesía es de un «materialismo visionario». Y algo de eso hay en este poeta asturleonés de mirada limpia, de gestos mínimos, de palabra profunda y que tiene un rostro como cincelado; una cara con ángulos amarillos y cejas con un hervor de hormigas. Un poeta, con «continua voluntad de reescritura», que asegura ser «un provinciano vocacional» en tiempos raros de acelerada globalización. Cierto es que la palabra poética y el pensamiento poético nacen en un espacio íntimo y oscuro, en un espacio vocacionalmente provinciano que el lector es capaz de iluminar y expandir; pero el sustrato poético, la verdad de la poesía, está en lo próximo; a la distancia que lo 'próximo' se encuentre, que puede ser variable, contradictoria, pero siempre abarcable. La vida es un «extraño accidente», dice el autor de 'Blues castellano' y 'Lápidas'. Él se dedica a ese vicio necesario y solitario que es la poesía.
Para él la poesía es «el arte de la memoria», que «tiene su causa y su finalidad en la creación de placer»; un verso se convierte en «un organismo viviente», y un poema es «una enumeración de mi vida». Busca «una vida más justa y más bella» y en sus versos está siempre presente esa exploración vivaz: 'Un bosque se abre en la memoria y el olor a resina es útil al corazón'. Versos que fermentan en el lector. Este premio Cervantes «de baja extracción social», y rotunda altura poética, estuvo con su baúl de versos ayer en la Obra Social de la CAM en Murcia, en un acto organizado por la Asociación de Escritores de Murcia, y allí recibió la Medalla de Honor de esta asociación. Versos escritos en la perspectiva de la muerte pero desde el amor a la vida, en los que resplandece el sonido de la tierra, de lo cercano, el paisaje; lo físico, lo orgánico, lo material.
Antonio Gamoneda nos regala en 'Un armario lleno de sombra' unas memorias serenas. Memorias de infancia. Las memorias de un hombre que se acerca a un terreno conocido y que lo observa con más perplejidad que nostalgia, que reconstruye aquél que fue con sus recuerdos, sus intuiciones y los recuerdos heredados. La memoria como una vieja alacena en la que están depositados fragmentos de vida; la memoria como un candil que alumbra algunas zonas donde están depositados los almíbares y los ricinos. Son como destellos, de gentes, dolores y caricias. Así nos habla Gamoneda de lo que él llama 'la cultura del hambre'. Y mastica esos recuerdos y, acostumbrado a encontrar sabores en raciones humildes, sabe extraer todos sus delicados sabores y resabios. Intenso es el recuerdo de su aprendizaje lector, sin ayuda, con un libro de poemas de su padre muerto. Un aprendizaje que le acerca a su progenitor y le enseña a 'sentir' las palabras es su valor musical, palabras que, escribe Gamoneda, «activaban en modo visionario mi pensamiento». «La poesía nace de un saber desconocido», nos recuerda.
Estremecedor es el recuerdo de la recuperación, bajo la llovizna, de los huesos de su padre para 'rescatar' su dentadura de oro. Construye Gamoneda en este libro algo que va más allá de su memoria, construye un retrato social, revive un tiempo, un espacio, un país, una tristeza común.
Ayer Gamoneda visitó Murcia. Un poeta como los de antes, capaz de amar todas las pérdidas. Un lujo.
(Fuente: Diario La Verdad. Murcia)




