Encadenados en negro
Ojos cerrados, cegados, negados,
miradas clavadas en espacios infinitos,
buscando en los inciertos pasillos de la vida,
que se pierden en noches tenebrosas,
de solo un protagonista, que vive muerto,
llorando por su muerte en vida.
Ojos cerrados y apagados,
con la tristeza del que busca y del que llama,
con la herida de la lanza atravesada,
con la vida, de nuevo, arrebatada,
recorriendo mundos antes soñados,
implorados y deseados, hoy acabados, mutilados.
Colores que se esconden, que se pierden,
colores que persigo, colores para mis ojos,
para mi vida, para mi alma;
todos los colores para mis ojos, uno a uno,
todos para mis ojos.
Encadenados en negro, atados a la nada,
esclavos del vacío, hijos de dioses de miserias,
árboles que no crecieron, lunas que no llegaron,
noches que me envolvieron y me llevaron,
y me arrastraron por caminos con olor a hiel,
y así, encadenado en negro, me vi,
y así amarrado al imposible,
cautivo del ayer, errático en el mañana,
condenado sin pena, ahogado en una ola sin mar,
así, encadenado al negro de mi suerte negra,
al negro que se lleva mi azul, mi azul,
mi azul bonito, querido... perdido.
Ahora, que siento, que vivo,
ahora que estoy, ahora que soy,
que el aire susurra y me canta,
y el campo, inmenso, se viste de verde,
y las estrellas se dejan tocar,
y las montañas escalar, y los niños abrazar,
y esa música de paz, y ese abrazo sin voz,
y esa mirada dulce, que todo lo dice,
y esa lágrima que se regala,
y ese beso que no se roba,
y todo lo demás.
Hoy me siento libre de esa condena,
que por pena, acaso cumplida, acaso perdonada,
encadenado en negro uno y otro día,
mi vida corta y pobre, indefensa atormentaba.
(jpellicer)







