Estampas de una vida
Paseando por cualquier calle de cualquier ciudad, dejándonos llevar, tranquilos y relajados, en lo que el bullicioso y ajetreado momento lo permita, podemos llegar a experimentar sensaciones que, maravillosa e inevitablemente, parecieran transportarnos a mundos oníricos donde se descubren personajes entre los que, como de si magia se tratara, nos encontramos integrados.
Personajes, momentos, escenas como sacadas de otro tiempo, ya vividas, ya inventadas. Momentos donde aislarse, perderse y confundirse, se convierte en voluntaria obligación y dejarse llevar, naturalmente, en obligada devoción.
Sucedió que paseando por una gran ciudad, rodeado de gentes de todos los lugares, millones de mundos tropezándose, mirándose y extrañándose, algo captó mi atención. Una figura alegre, simpática, sonriente, saludaba amable a todos cuantos pasaban. Viéndola así, tan viva, tan suya, como queriéndose repartir para todos, robó mi mirada, me cautivó, produjo una maravillosa sensación de paz, un volver a sentir que soy y que estoy; contemplando aquella figura, viviendo la vida desde su "divina" atalaya, descubrí, una vez mas, otra "estampa de la vida".
Estampa que me habla de alegría, de paz, de vida, de ánimo, de superación. Estampa que parece apiadarse de mí con bondadosa comprensión.
Seguramente no volveré a pasar por aquél precioso lugar, quizá no volveré a ver a ese mágico ser que en vez de saludar, besos pareciera regalar. Por eso, por todo, este poema va dedicado a ella, a todos los seres humanos que pasan por la vida regalando sonrisas, que nos saludan y nos invitan; a esos seres humanos que estando o sin estar, fueron felices y nos lo supieron y quisieron contar.
Estampas de una vida
Alegres, mágicas casi divinas,
estampas que me hablan y me cantan,
que se muestran con brazos extendidos, y miradas comprensivas,
con abrazos sentidos y promesas al viento compartidas.
Estampas que se construyeron en silencio,
en el que me pides para entenderte,
y yo, sin saber y cerrando los ojos,
conmovido y confundido,
en medio de este barrizal de gritos,
encuentro la paz, tu paz,
esa que desde tu "divino palio"
que no es de oro ni diamantes,
sino de geranios y margaritas,
regalas amorosa y emocionada,
a cambio de abrazos de verdad.
(jpellicer)










fotojocar dijo
Esta señora, me recuerda a mi abuela, que voy ha verla cada vez que puedo, que no es todo lo que me gustaría y por supuesto que con sus 87 añitos, no puedo esperar a que ella venga a verme a mí.
De todas formas, buena instantanea, enhorabuena de nuevo.
Un saludo, amigo.
31 Mayo 2009 | 06:57 PM