La Magia de ayudar

Mágicas sensaciones turban los sentidos
del que, por aquella vieja herida ya cicatrizada,
recibe la mano amiga que sin mirar, ni pedir,
suave y amorosa llega hasta ti.
Mágicas sensaciones que recorren tu cuerpo,
y tu, asustado y desprotegido, miserable,
temiendo ser robado, violado o, de nuevo, traicionado,
te escondes tras las sombras de todas tus dudas,
donde casi nadie consiguió nunca llegar.
Mágicas sensaciones, que intentas, confundido, rechazar;
y que sin entender, sientes llegan adornadas de sonrisas,
de dibujos feos y sin sentido, si,
pero que alcanzan la grandeza y belleza de lo auténtico,
como si de regalos de niños se tratara,
que no pediste y esperan tu aprobación para entrar,
y que siempre rechazaste por el precio a pagar.
Sé, querido amigo, que te hicieron daño,
que decidiste olvidar, hablar, llorar, pensar...
y que hasta por olvidar,
de tí, y lo que fuiste un día ya lejano,
tu memoria frágil, también se olvidó.
Sé querido amigo, que te robaron el Alma,
y al Mar, me dijiste, la arrojaron;
que vives sentado y acurrucado,
cubriendo tu dolorido cuerpo y tu débil corazón,
plagado de miseria el uno, y recuerdos el otro.
Sé que vives sin vivir, mirando ese Mar,
sintiendo el murmullo de las olas, alegres,
acaso por devolver, como divinas mensajeras,
lo que un día se llevaron.
Sé que entre esas ropas raídas y sucias,
adornado con ese pelo negro, o gris o marrón,
protegiendo tu cara con la máscara de la desidia y el desconcierto,
y cuidando y mimando esa botella, regalo de tu dios;
se esconde, asustado y arrasado, aquél que tanto amó,
aquél alegre y confiado ruiseñor, protagonista único, si único,
de aquella maravillosa historia de amor.
Quizá, querido amigo, ha llegado el momento de salir,
de volver a creer, de volver a sentir,
quizá ha llegado el momento de lavar esa cara,
y devolver todo el esplendor, a ese tu triste corazón.
Quizá ha llegado el momento... tu momento,
el de abrir las puertas al aire fresco,
al día y a la noche,
a la risa desbordada y al llanto de felicidad
¿no sabes llorar de alegría, me dices?;
quizá ha llegado el momento de dar tu mano al otro,
no para pedir, sino para empezar a dar.
Quiero, querido amigo,
que grites al mundo tu maravillosa forma de Amar;
que la gente sepa lo que hiciste por amor,
que cambiaste tu Palacio por tu Portal,
tus sábanas limpias por tu cartón robado,
tus días de éxito por tus noches de frió,
tu que todo lo comprabas, y terminaste vendiéndote,
que hablabas con caricias,
y terminaste en silencio, suplicándolas,
Ahora que todo pasó, querido amigo,
quiero que me enseñes,...
La mágia de ayudar.
(jpellicer)







annapaola dijo
Que bien has definido el hecho de ayudar... magicas sensaciones, sí... eso he sentido cuando he aportado mi granito de arena.
Besos y buen fin de semana
17 Abril 2009 | 10:54 AM