Paseos junto a mí
Caminando en silencio junto a mi otro yo,
dejándome llevar por el susurro casi apagado del viento,
sintiendo el volar suave y mágico de las gaviotas,
viendo a lo lejos aquél horizonte que me habla y me invita.
Mi otro yo...
ese tímido desconocido, voluntario ausente,
nómada cobarde escondido en el llanto con forma de risa,
prematuro soñador, vendedor de silencios;
ese cómplice de magias silenciadas,
ese payaso de sonrisas confundidas.
Ese ladrón, que en esa muerte que es la noche,
vaga, con mirada ausente, buscando entre mis basuras.
Mi otro yo...
ese con quien apenas hablo, a quien apenas conozco,
el que me sigue y persigue,
el que me empuja, el que me arrastra,
mi otro yo, ese que no perdona,
el que está sin ser llamado y aparece sin ser buscado,
el enemigo, el más fuerte... el invencible.
Mi otro yo,
el que no quiso conocer,
acaso por tener que destruir con un soplo,
aquella farsa de Sal,
aquella figura altiva e impertinente.
arrogante e imprudente,
aquél que se ríe en su espera,
y que jamás desespera,
el que me trae silencios de locura y gritos solo míos,
mi otro yo, mi odiado por temido otro yo.
Mil veces quise abrazarte, mil me rechazaste,
solo una te negué, esa que suplicaste,
mi otro yo, que caminas detrás o delante,
pero siempre distante,
tu que no me guías, llevándome,
que no me enseñas, mostrándome,
tu que no te apiadas, perdonándome,
que tantas veces me desprecias, amándome;
mi otro yo, el que habla de mí con poemas para nadie,
el que baila tangos en ese mundo que no existe,
y sin embargo se busca,
el que llora y después se ríe porque la risa y el llanto,
dices porque sabes, son principio y final,
ese principio alegre envuelto en lágrimas, del que llega;
ese triste final rodeado de risas, del que marcha;
y todo, por suerte o desgracia, con papeles cambiados.
Mi otro yo...
Cuanto esperar para poseerte,
dominarte y doblegarte, quizá, incluso para matarte,
te escapas buscando la libertad que te niego,
eres hijo, no reconocido, de la bella justicia,
bastardo arrojado y mal vendido,
andrajoso y miserable, y aún así, eres mío,
Mi otro yo,...
¿Acaso unido a mí, piensas perder todo tu tiempo?
Tiempo, respondes, es todo lo que te sobra,
Tiempo, respondes, es todo lo que me falta.
Tiempo... esa es mi sangre.
(jpellicer)






mis-esencias dijo
Me ha gustado esa conversación con tu otro yo, especialmente ese "in crescendo" de fuerza. Magnífico. Una sonrisa para cada uno de tus yo's
17 Marzo 2009 | 11:10 PM