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La Coctelera

Sensaciones y Fotografia (de jpellicer)

Viendo y sintiendo

16 Enero 2009

Nuevos ojos...nuevos corazón

Hace muchos años, un sabio de los que a veces conocemos a lo largo de nuestra, me contó una historia que guardo en un lugar distinguido en el fondo de mi corazón.

La historia no es mía, pero tengo la sensación que, de tanto contarla y contármela (en los momentos de tristeza y soledad, es bueno no olvidarse de uno mismo y contarse historias, sobre todo aquellas que nos ayudan a sentirnos un poco mejor en medio de nuestra soledad, pero bueno esta es otra historia que contaré en otro momento...). Esta historia caló tan hondo en mí que incluso me olvidé quien me la contó, por eso pensé que fue un sabio, ellos, los sabios, suelen pasar desapercibidos. De tanto contarla en algún momento creo que definitivamente la hice mía.

Se llama, o le puse el nombre de “La historia de un Hombre Bueno” y dice así…

“Cuenta la leyenda que hace muchos años, muchos. Caminaba un Hombre Bueno acompañado de sus amigos, que también eran hombres buenos, por mitad de un bosque. Iban paseando, charlando, comentando… hablando de todo aquello que suelen hablar los hombres buenos cuando pasean por entre los árboles del bosque. (Todos los hombres buenos, cuando pasean entre los árboles, hablan de cosas muy importantes, escudriñan cosas en el más allá, a veces incluso permanecen en completo silencio para escuchar todos los silencios, ya comentamos en una ocasión que los silencios son los idiomas de la Paz, pero de esto, como la historia de la soledad de arriba, ya lo comentaremos en otro momento). En estos paseos era muy respetada la palabra del hombre más bueno de todos los buenos. Por eso casi nunca hablaba. Casi siempre escuchaba.

Caminando y caminando, este Hombre Bueno, mientras escuchaba y respondía, no dejaba de contemplar todas las bellezas que aquél idílico paisaje inventaba.

Sucedió que pasaron cerca de lo que parecía ser un vertedero. Así lo intuyeron todos aquellos hombres buenos, debido al hedor que según se acercaban, este desprendía. Los hombres buenos, llevándose sus manos a la boca y la nariz, trataban de eludir aquél nauseabundo olor. Era insoportable. En su afán de evitarle al Hombre Bueno pasar aquél mal momento sugirieron dar la vuelta… regresar… cambiar la dirección.

El Hombre Bueno, enamorado de aquél paisaje, y haciendo caso omiso de las advertencias del resto de hombres buenos, decidió seguir con el paseo, adentrándose en aquél lugar repleto de miseria y podredumbre. Todos los hombres buenos, con sus manos tapando sus bocas y narices, y dando arcadas evitando vómitos, con gesto displicente, seguían al Hombre Bueno, que impasible y sin perder la sonrisa, continuaba caminando.

Inesperadamente el Hombre Bueno se detuvo, y quedó fijamente observando lo que en el suelo inerte yacía. En ese instante todos los hombres buenos pararon junto a él para contemplar aquello que había llamando la atención del Hombre bueno, Pronto todos comenzaron a vomitar. Todos comenzaron a protestar. Incluso alguno hubo que abandonó al grupo alejándose. Con mal gesto intentaban apartar y alejar al Hombre Bueno (que permanecía con la mirada fija en aquel perro, que muerto, yacía completamente desfigurado).

La escena ciertamente era muy desagradable. El hedor insoportable. Aquel animal debió tener una muerte muy desagradable. Su cuerpo girado yacía abierto y, gusanos blancos y sedosos, como si de un gran manjar se tratara, corrían entre sus carnes, escondiéndose entre sus huesos, algunos de los cuales se veían completamente fracturados. Sus ojos permanecían abiertos, con esa mirada fría que no dice nada, pero que si te fijas lo dice todo, (por cierto ¿alguna vez habéis observado fijamente la mirada (los ojos) de una persona que acaba de fallecer?, es increíble los mensajes que encierran esas miradas, mensajes que en muchos casos, nos hablan de cosas insospechadas… pero esta es otra historia, como la de la soledad o los silencios de la Paz que hablábamos antes,, de la que hablaremos en otro momento.). Ante el asombro de todos lo hombres buenos, observando como el Hombre Bueno miraba y parecía recrearse ante aquella dantesca, sin comprenderlo, no dejaban de hacer aspavientos de repulsión y repugnancia. Tras un largo silencio, el Hombre Bueno se dirigió a ellos al tiempo que se agachaba señalando con su dedo aquel cuerpo podrido y mal oliente.

-

- Fijaros, decidme que opináispreguntó el Hombre Bueno -.

- Es horrible, da asco, es repugnante, respondían algunos.

- No lo soporto, decía otro.

- Jamás había visto algo tan horrible, contesto otro al tiempo que limpiaba su vomito.

Y así todos, uno a uno fueron constestando. Entonces el Hombre Bueno, acercandose su dedo aún más al cuerpo del aquel animal, dijo clavando su dedo en la dentadura de animal;

Os habéis fijado en los gusanos, en la carne podrida, en los huesos rotos. Habéis sentido el olor desagradable de su podredumbre. Pero ninguno ha reparado en su dentadura. Ninguno se ha fijado lo perfecta que es, lo blanca y lo bien formada que está. Ninguno se ha parado a ver esos colmillos perfectos. No os habéis fijado que aún conserva intactos sus 42 piezas. Tampoco habéis reparado que su boca encajaba perfecta, configurando una cavidad hermética. Además este animal debió estar muy bien cuidado ya que no tiene rastro de sarro ni caries en ninguna de las piezas. El Hombre Bueno explicaba todo esto al tiempo que con su dedo iba detallando todos los pormenores.

Aquellos hombres buenos, mudos, comenzaron a apreciar la belleza de aquella dentadura.

Aquel Hombre Bueno guardó silencio. y al poco tiempo, improvisando una sepultura, depositó aquel cuerpo en aquél improvisado y amoroso nicho.

Esta es la historia del Hombre bueno.

Esta historia me enseño que siempre tiene que haber un motivo para la esperanza, un motivo para la ilusión. Me enseño a buscar, a intentar descubrir el lado bueno de las cosas. Me enseñó que la grandeza y la pobreza son hijas de la misma madre. Y también me enseño que yo puedo, si quiero, ser un Hombre Bueno o por el contrario solo ser un hombre bueno.

¿Sabéis como distinguir a los Hombres Buenos de lo hombres buenos?

Los Hombres Buenos van, a veces en silencio, pero repartiendo sonrisas. Los otros hablan más pero casi siempre están serios.

(jpellicer)

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Mi nombre es Juan Antonio pero se me conoce más por Pellicer. Resido en Cartagena, pequeña ciudad del sur de España bañada por el Mediterraneo. Desde hace mucho tiempo vengo disfrutando del mundo de la Fotografía y la Poesia. El mundo de la fotografía, es apasionante ya que te permite no solo disfrutar con la contemplación del mundo que te rodea, sino también te brinda la oportunidad de interpretarlo, sentirlo... vivirlo. Es, como digo en mi página (www.jpellicer.es), asumir un reto. Con este nuevo espacio lo que pretendo es precisamente eso, tener y ofrecer un espacio donde compartir sensaciones. Sensaciones expresadas a través de la Poesia, en muchos casos, apoyado sobre una Fotografía.

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