Regresos
Creyendo que vendrías, abrazado a mi almohada dormido me quedé. Dormido profunda y placidamente pensando en tu regreso. Miles de sonrisas que tus labios entreabiertos dibujaban para mí, soñaba me invadían, y todas, sobre los míos descansaban. Como un niño busca el nuevo día para jugar, buscaba yo el nuevo día para de nuevo amar. Ansias por ver el nuevo amanecer, ansias por adelantarme al alba, ansias por ver como llegabas…
En mi mente, abierta y despejada para ti, otro mundo, casi desconocido, se tornaba realidad. Un mundo donde lo bello se convierte en mágico y lo mágico en verdad; un mundo donde caballos blancos soltando sus crines al aire cabriolas imposibles hacían para mí que yo, cautivado por tanta belleza, seguía con mi mirada; donde pájaros revoloteando sobre mi cabeza, entonando trinos dorados, me hablaban de ti; aromas y fragancias todas, que como preciados regalos inundaban todo mi ser; paisajes donde los ríos aguas frescas y cristalinas trasportaban, donde los juncos con sus movimientos, parecieran saludar y los árboles centenarios, todos juntos, todos viejos, todos, se asomaban.
Ya amanece, mi amor, donde estas, cuando llegarás. Cuando podré, mirándote a los ojos, decirte sin palabras cuanto te he añorado y cuanto extrañado. Si supieras, mi vida, que en las noches de frío invierno, vagabundo fui, sentado en todos los bancos anhelando tú presencia. Si supieras que en peregrino me convertí y por mil caminos que recorrí a todos pregunté por ti. Si supieras todo lo que te amo, sería imposible que un segundo más nuestros cuerpos separados estuvieran…
Dime donde estas, dime que ya llegas, dime que mi dolor no ha sido vano, ni mis lagrimas perdidas en mares profundas quedaron; dime mi gran amor que mis solitarios llantos todos, como suplicas infinitas a todos los cielos llegaron. Dime que hasta tu Dios se apiadó de mí… Dímelo.
Tú me enseñaste a amar, enséñame ahora a esperar y perdonar.
Ya te veo, ya mis ojos brillantes dibujan tu silueta y mi corazón se acelera. Ya siento músicas que me hablan de ti. Ya se agolpan en mi mente recuerdos de pasado y deseos de futuro. Ya estas aquí, mi amor, no digas nada. Déjame mirarte a los ojos, déjame que, a través de ellos, llegue a tu alma. Déjame que escuche tu gran silencio y que él me diga las grandes verdades que un día no supe entender. Déjame que te abrace y te sienta, y déjame que abrazado no tenga miedo a la muerte.
Claro que te amo, mi amor, acaso no has sentido que todos los mundos se han parado para que este momento sea eterno. Acaso alguna vez, mi alma ha dejado de sentir que, en la distancia, seguías estando aquí, dentro y fuera.
- Yo………………………
- Calla, no digas nada…
Ahora ya estamos juntos, ahora solo nos queda vivir, ahora solo nos queda compartir, ahora, unidos por amor, esperaremos juntos y abrazados que la muerte nos invite a vivir todas las eternidades.
(ja.pellicer)






