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La Coctelera

Sensaciones y Fotografia (de jpellicer)

Viendo y sintiendo

Categoría: Relatos y Narrativa

28 Diciembre 2008

En el día de hoy: 1950

Imaginando momentos llegamos a descubrir sensaciones hasta ahora desconocidas. Sensaciones que, a pesar de llegar con nosotros, de formar parte de nuestro fugaz equipaje, nunca llegaron a ser reconocidas ni admitidas.

Con el paso del tiempo vamos cayendo en la cuenta que nos van faltando o sobrando (nunca se sabe) las palabras, los argumentos, las respuestas… No por no tenerlas, sino porque seguramente ya no interesan, ya han dejado de importar. El paso del tiempo nos va relegando a rincones donde, desde la oscuridad y el silencio, si supiéramos, podríamos empezar a vivir una vida junto a nosotros llena de amor y disculpas.

Amor y disculpas por habernos convertido en nuestro más feroz verdugo. Por haber consentido, algunas veces por miedo, otras por indiferencia, la mayoría por ignorancia, ser los principales actores de una obra de teatro donde la miseria, el dolor, la violencia y la injusticia fueron el gran argumento; fuimos los principales actores en ese inmenso teatro sin darnos cuenta que no había público que nos aplaudiera, que no fuimos capaces de arrancar una sola sonrisa, que todo lo que hablábamos fueron palabras inventadas por otros, otros a los que, curiosamente, no les gustaba el teatro.

Por haber consentido ser testigos mudos, de llantos, de manos extendidas; de miradas cargadas de ¿porqués?; de cuerpos abandonados a las más duras situaciones (las de la indiferencia). Por haber girado nuestras miradas a vergeles y paraísos sin darnos cuenta que allí podía haber cabido otro más. Por haber llenado platos de comida sin preguntar al final ¿falta alguien? Por no sujetar la mano que pega, por no tapar la boca que escupe…

Por haber guardado silencio ante las voces y gritos de los que solo eso sabían hacer; y por haber gritado a los que amaban los silencios y hablaban con el alma…

Nosotros, que somos viajeros con billete de vuelta, que en nuestros bolsillos apenas caben nuestras manos; nosotros que hasta para llorar hemos pedido permiso; nosotros que para amar tuvimos que engañar, y por saber engañar nos olvidamos de amar. Nosotros que ocupamos dos sitios en el tren de la vida sin saber que para ese largo viaje fue el dueño de aquél viejo tren quien, apiadándose, nos lo prestó. Nosotros, que ciegos creímos ver maravillosas puestas de sol, sin darnos apenas cuenta que aquellas maravillosas puestas de sol, eran auténticos retratos pero que jamás reconocimos como nuestros simplemente porque nos hablaban con otro idioma. Nosotros que llegamos con lágrimas y nos marchamos dejándolas en los ojos de los demás. Nosotros que buscamos y buscamos sin dejarnos encontrar; que exigimos sin reparar en todas las voces que desde todos los mundos (nosotros parecemos conocer solo el nuestro) claman toda la justicia que falta en nuestra exigencia. Nosotros, que al entrar en la noche, contamos todo lo ganado, sin oír el murmullo de quien en esa misma noche no cuenta sino canta la más triste de las canciones, en la esperanza que sus dioses, clementes, con sus finos mantos de oro y púrpura cubran aquellos míseros cuerpos desnudos y expoliados.

Nosotros no tenemos oídos para escuchar, solo han sido usados para oír, y de lo oído casi todo lo hemos rechazado.

Ahora, como aquél payaso que creía saber el mejor chiste del mundo, y se dio cuenta que no tenia publico a quien contarlo.

Como el más afamado de los pintores que, al final de sus días, descubrió desolado que jamás había sido capaz de pintar un cuadro que, aunque fuera el más feo de todos, fuera suyo.

O como el más grande escritor de todos los escritores que, a través de su ventana, entre sueños, acariciando sus últimos instantes, observó casi sin aliento como sus lectores, entre gritos que no lograba oír aunque si sentir, mostraban todos sus libros con las paginas en blanco…. Páginas en blanco porque jamás fueron escritas con el corazón.

Ya sé que tú no hiciste nada de eso, seguramente yo tampoco, por eso, porque quiero que nuestro libro no lleve páginas en blanco; porque quiero que a nuestro vergel lleguen todos; porque no quiero que pasemos las noches contando sino cantando, por eso y por todo lo demás queridos amigos, os propongo una cosa, solo una: que este año de 1950 sea el primero de nuestro Gran compromiso” Que cuando seamos ancianos, allá por el año 2008, aquellos que lo vivan, recuerden este compromiso que nació de estas letras, y ellos, testigos directos, puedan, al menos, esbozar la sonrisa de todos, también la sonrisa tuya y la mía. Al menos los que lo consigan, habrán luchado por poner letras del corazón en el libro del hombre.

(jpellicer)

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26 Diciembre 2008

Cadenas Rotas

(Esta fotografía simboliza el titulo de este relato, “Cadenas rotas”, porque nos presenta una imagen que da la espalda a un viejo y oscuro pasado, para afrontar, con ilusión y esperanza, un nuevo horizonte)

Sé que duermes despierta, para proteger tus sueños.

Sé que callas para proteger tu alma.

Sé que cuando llega la noche, desde tu callada tristeza, elevando tus ojos al Dios ciego y sordo que te abandonó, gritas y pides Justicia. Gritos que nadie escucha, gritos que parecen a nadie importar.

Sé que curas tus heridas con mentiras y que bajo aquellos negros cristales, lágrimas prisioneras se agolpan, una tras otra, buscando los “ríos” de tu cara, ríos en que se convirtieron aquellas finísimas arrugas que, otrora, de tanto reír nacieron.

Sé que cuando se habla de amor, das la vuelta, piensas que fue él quien, adornado de flores y bellas palabras, ciega te llevó por senderos de muerte. Senderos de muerte que, sin saberlo, fuiste sembrando con tu Amor, que si era Amor.

Sé que por amor, diste lo mejor, y lo volverías a dar. Tu amor, ese con el que naciste, ese amor en el que tanto creíste. El amor de los quince años, alegre, de colores, que a todos llega y se cuela por todos los rincones. El que nos hizo rebeldes. El que nos puso en la puerta del primer beso, aquél primer beso que no nos supo a nada, pero significó Todo. Aquél primer Amor que nos hablaba de futuro, que nos hacía fuertes ante el mundo. El primer amor que nos enseñó nuestro verdadero nombre. Ese primer amor para el que, seguramente nacimos.

Ese primer Amor no te habló de su hermano bastardo. No te dijo que existe otro amor, falso, negro, cruel… que, escondido, agazapado espera un corazón abierto para, públicamente, despedazarlo.

Bastardo ese amor y bastardo quien lo cuida. Si, quien lo cuida, porque de la misma manera que entre caricias y besos llega la paz y la vida; es la muerte quien se nos presenta cuando un abrazo de hiel, nos parte el corazón. La muerte, hija del Dios ciego y mudo que nos abandonó, quien, sigilosa y vestida de sonrisa fingida y promesa forzada, de nuevo acecha a quien tanto amó. Y esa, sé que fuiste Tú.

Por eso, por el amor que diste, por el que te falta por dar.

Por las lágrimas que te robaron de dolor, por las que de felicidad, están por llegar.

Por tus noches en vela buscando, esperando el nuevo día.

Por tantos sueños rotos, por tantas promesas incumplidas.

Por tantas esperas vanas y disculpas repetidas.

Por tantos perdones y falsos arrepentimientos.

Por tantos nudos de garganta sentidos como “auténticos nudos en la garganta”.

Por tantos días de espera, días en los que tus brazos, abiertos y generosos, aún dispuestos estaban a decirte que olvidaras.

Por tantos silencios rotos, despertados, contra tus mejillas.

Por tu sangre, injustamente derramada; por tu piel que nació para recibir desnuda el calor de los rayos de sol y sentir el aire fresco con aromas de azahar, acariciándote toda.

Por tus labios que no nacieron para apretarse contenidos, sino para dibujar la más bella de las sonrisas.

Por tu boca, tanto tiempo cerrada, que se muere por gritar.

Por tu tiempo, el que tienes para vivir; el tiempo se nos dio para vivir no para morir. Para morir no hay tiempo, el tiempo para morir no nos corresponde, no es nuestro.

Por el hoy, porque no se repite, porque no tendrás ocasión de volver a despedirte, ni tan siquiera de volver a esperar.

Por el mañana porque te juro por mi Dios que ni es ciego ni se ha marchado, que es maravilloso.

Por nosotros, porque te necesitamos bella, guapa, alegre, libre. Por que si tú lloras una parte de nosotros llora contigo.

Por los que no te conocen y por los que si te conocen, para que se conozcan entre ellos.

Por los niños, por los tuyos no, ellos ya han aprendido a despreciar al tirano; por todos los niños para que ninguno quiera ponerse ese maldito disfraz en ninguna fiesta.

Por los/as que ya no están entre nosotros para que su lucha no haya sido vacua, ni sus lágrimas perdidas en mares perdidos.

Por TI, porque tu eres lo más importante que hay en tu mundo. Tu mundo, querida amiga, es tuyo, solo a Ti, como preciado tesoro te fue entregado.

Piensa que aunque no nos oigas, estamos y aunque no nos veas, somos.

Llámanos, si sientes que no acudimos.

Pídenos, si tus manos vacías se encuentran y tu corazón abandonado continúa.

Grítanos, si tus palabras sientes volar en cielos de nadie.

Olvídanos… porque no te merecemos, si ves que tu Tirano, con sonrisa cobarde, de nuestra mano cómplice se ha apropiado.

(Pretendo con este relato aportar mi granito de arena para contribuir a poner fin a esta lacra social que es la Violencia de Género. Mi solidaridad con esas mujeres que sufren y mi más enérgica repulsa contra esos Tiranos, crueles y malvados.)

(jpellicer)

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23 Diciembre 2008

Días que se marchan, días que nos llegan

Contemplando una puesta de sol, la imaginación, desbordada, como sin dueño, recorre los vericuetos más íntimos de nuestro Yo. Una parte de nosotros, agradecida, acaso por recibir una respuesta que no fue pedida, siente esa tan familiar paz que sin saber donde nace, nos llega como bálsamo aliviando nuestra carga. Son momentos especiales, casi únicos, momentos en los que nos dejamos llevar saboreando con el “otro paladar” una plácida sensación de bienestar. Momentos para vivir en soledad, (cuando se viven en compañía, también maravillosos, se confunden con los del Tu que a veces, poco tienen que ver con los del YO), en aquella que nos queda cuando todos han marchado, o cuando ya nos han olvidado. Momentos bellos que también pueden venir cubiertos de negros y fríos recuerdos. Los recuerdos, me dirás, no tienen color ni tampoco calor. Sabes que los recuerdos son la forma con que nuestro corazón canta nuestras más intimas baladas, aquellas que jamás fueron oídas; unas muy tristes que nos hablan de amor y desamor, de despedidas; otras que dejaron en nuestra piel heridas profundas que tardaron años en curar.

Los atardeceres bellos, (¿los hay no bellos?Preguntarás-, Si, son los que no vemos, todos los que nos perdemos) nos anuncian despedidas, también regresos.

Los atardeceres se llevan parte de nosotros, seguramente la más bonita, la más querida, aquella que nos ha colmado de dicha. Quizá por ello, ese bello atardecer, roba todas nuestras miradas, más aún, creemos que en su incipiente oscuridad, un poco de nosotros, en ella desaparecerá. Nos aferramos al día y, contemplando ese atardecer, comprendemos lo poco que duró la dicha vivida. Ese atardecer es bello pero lo sentimos frío; frío porque con él pareciera helarse nuestro corazón.

Al final, cuando ese bello atardecer “muere” para siempre, sin palabras, con los últimos rayos de aquél sol grabado en nuestras retinas, recobramos el aliento y, conformándonos, giramos la cabeza. Pronto, ese mismo silencio y ese mismo color negro que nos dejó en su despedida aquél bello atardecer, da paso a la noche. Ella, colmada de estrellas, entra despacio luciendo esplendida. Es entonces cuando empezamos a comprender la fascinante belleza de aquél atardecer, un atardecer que no “murió”, solo fue en busca de la Noche para hablarle de nosotros, y esta, en su regazo, nos trae millones de besos y caricias que, vestidas de estrellas, inundan nuestro corazón.

Aquél bello Atardecer, que no murió, que solo fue en busca de la Noche vestida de Estrellas; ahora regresa, joven, lleno de color. Con aires y fragancias de rocío, que nos inventan tímidas auroras, tocadas de cálidos y suaves tonos anaranjados, invitándonos a pasar y descubrir nuestro nuevo día. Un nuevo día que nace vacío, porque espera que, lleno de nosotros, inventar un BELLO ATARDECER.

(jpellicer)

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19 Diciembre 2008

Historias de amor

Cogidos y cosidos de las manos, explorando caminos hasta ahora desconocidos. Sensaciones que nos hacen vibrar, sensaciones maravillosas, increíbles, mágicas, donde casi nada importa y lo que importa sólo es entendido por los amantes. Amantes locos, ciegos, que, haciéndose uno, inventan, todos sus días, envueltos en millones de colores,

Sintiéndose dueños de otros corazones, desconocidos, los suyos, prestan la voz para que sean aquellos los que hablen, haciendo realidad la dicha de amar y ser amados.

Historias de amor. Bellas historias de amor, donde dos cuerpos, abrazados, encontrados, cómplices de silencios, uniendo pasados y presentes, inician desde su hoy desbocado, la búsqueda de su futuro.

Historias de amor que nacen antes de la mirada, del roce. Que se nos descubren íntimas y nos llaman, y nos llevan a mundos asombrosos y fascinantes donde un simple beso, una simple caricia se convierte en la mayor emoción jamás imaginada. Historias de amor deseadas, ansiadas; momentos que se convierten en infinitos, donde voluntariamente nos permitimos sentir que no nos conocemos. Historias donde el tú y el yo, dejan paso al nosotros; donde el nosotros, toma un poco de cielo, y desde allí se descubren nuevos mundos con nuevos cielos.

Historias de amor; tristes unas, alegres otras. Las unas, las tristes, porque acabaron aún sin comenzar, porque se vivieron sin sentir, o se sintieron sin vivir. Tristes porque con el corazón tan lleno de amor, jamás tuvo la ocasión, pobre de él, de poderlo expresar. Tristes porque esa historia de amor que quiso, no pudo. Y tristes porque cuando se ama se sufre, y se sufre porque, seguramente, será mucho lo que queremos y poco lo que podemos; porque queremos con el corazón pero solo podemos con la cabeza.

Y alegres, si historias de amor alegres. Pero estás poco tienen que ver con los enamorados, quizá por ello sean menos importantes. Para los enamorados no es alegría, es mucho más, infinitamente más; para esos enamorados su amor es vida y muerte, es principio y final, es aquí y ahora. Para ellos, su historia de amor es lo que, mañana, cuando uno falte, en las frías y solitarias noches, buscando la luna a través de la ventana, oirá del otro. Las alegrías de las historias de amor, solo corresponden a los que, estamos fuera, o lejos. Es la misma alegría sentida a ver una bella flor regada tras recibir el fino roció del alba, o la sentida al dar un paseo en soledad tras la tormenta. Es la alegría que siente el que sueña y espera.

(jpellicer)

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14 Diciembre 2008

Amores en Blanco y Negro

Amores en blanco y negro, como los de antes, como los de siempre. Amores donde un beso se robaba y una sonrisa se adivinaba. Amores en blanco y negro como los que tuvimos. Aquellos amores que empezaban y acababan en nosotros. Nadie más feliz, nada y todo por inventar, nada y todo por descubrir. Amores vividos y sentidos con el alma. Amores creciendo; como nosotros. Aprendiendo, como nosotros. Descubriéndonos nuevas sensaciones y, nosotros, pobres, incapaces de expresar tan siquiera un nombre. Solo un corazón pintado en una pared. Un corazón que el tiempo, la distancia y el olvido, se encargaría, seguramente, de demostrar porqué siempre aparecía partido. Amores aquellos, donde el primer beso era eterno, tan fuerte e intenso, que apenas, entre los dos, se unían las fuerzas para darlo, y si se daba, entonces ya no quedaban para mantenerlo. Un beso robado, solo un beso apenas dibujado. Un beso “explicado”, ¿un beso explicado? Si, explicado. Cuando los amores eran en blanco y negro había que explicar los besos, las caricias, las miradas, incluso por explicar, había que explicar también esos silencios y esas miradas desviadas que, acompañadas de profundas inspiraciones, sobrevenían tras el más mínimo roce. Aquellas sensaciones que nos ahogaban, sin saber porqué, y nos “desbordaban”, (desbordaban todo nuestro ser, el humano y el divino también,). Todo esto había que explicarlo, no tanto para que el otro/a entendiera, sino para ser merecedores de él. Explicando el beso, explicábamos nuestro amor, nuestro sentimiento. Dábamos a entender, nuestra real pasión, que seguramente ni era real ni tampoco pasión. En los amores en blanco y negro, era muy importante la explicación, no tanto el beso. El beso, junto a más besos, miles de besos, millones de besos, llegaban después. El problema, eso si, es que llegaban ya sin explicaciones. Cuando vivíamos el amor en blanco y negro, nunca supimos que era peor, si cuando se daba un beso con explicación (porque entonces no parecía beso), o cuando venia sin ella, porque entonces no parecía ni nuestro ni para nosotros. Los amores en blanco y negro, eran así, o blancos o negros, en la mayoría de los casos condenados a, como aquellos viejos corazones pintados en la pared, romperse por la mitad.

Amores en blanco y negro, cuantas sensaciones calladas. Cuantos mudos “te quiero”, cuantos deseos de todo y de nada, junto/mezclado. Cuantas noches mirando la luna, cómplices, riéndonos con ella. Cuantos proyectos, cuantas ilusiones… cuanto amor, aunque fuera en blanco y negro.

Tanto amor…

¿Dónde quedaron aquellos amores en blanco y negro? Algunos murieron con la explicación, o quizá por ella. Otros se convirtieron en preciosos adornos de viejas paredes.

El tuyo, no se acabo, se transformó. Ahora es un gran amor. Un gran amor que supo aceptar que todo, los besos explicados, las caricias robadas, los corazones pintados en las paredes…todo, es lo que iba dando color a nuestras vidas. Es lo que iba llenando el corazón y vaciando la palabra. Es lo que le dice sin decir un alma al del ser amado, caminemos juntos, inventemos cada día, y, así, unidos, descubramos en nuestra última pared que nuestro corazón, aquél que un día nos explicamos, sigue ahí, partido, si, pero en Color.

(jpellicer)

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8 Diciembre 2008

La llamada de la Naturaleza

"Cuando hayáis talado el último árbol, cuando hayáis matado el último animal, cuando hayáis contaminado el último río, os daréis cuenta de que el dinero no se come" (de los indios cris, Canadá)

Basta sentirse perdido entre los bosques para comprender la grandeza de la Naturaleza. Vamos paseando y nuestros “cinco o…veinte” sentidos, abiertos, no dejan escapar ninguna sensación.

Nuestros ojos se llenan de muchos colores; amarillos, ocres, naranjas, verdes… colores que además se mueven, ¡¡¿colores que se mueven?!!. Si, esos colores se mueven y en su movimiento nos muestran senderos por donde llevar nuestras tristezas para que formen, en la lejanía, un nuevo color. Son aquellos grises y negros que se otean allá, al fondo.

Nuestros ojos, invadidos de colores en movimiento, adivinan ahora que son nuestros oídos los perciben los trinos de los pájaros que “peor cantan”, (los trinos de los que cantan bien no los oímos, solo los escuchamos, creemos que son las hojas de los árboles cuando caen y suaves se acuestan sobre el suelo). Ellos, acostumbrados a bocinas, estruendos y alborotos, no son capaces de oír ni tan siquiera lo que le dice el viento de otoño a la rana que mira. Ellos, los oídos que un día oyeron, hoy, confundidos, apenas distinguen entre el vuelo de un gorrión que acaba de llegar al otro extremo del bosque, y mezclándose, con los grises y negros, enseña a comer a sus poyuelos; de los arrumacos y caricias que el agua de la cascada hace al junco, que espera paciente, la llegada de su amada, fresca, limpia y cristalina…

Nuestras manos sienten, vacías y secas, como si estuvieran llenas de todo, (sucede a veces que estamos llenos de todo, tanto, tanto, que tenemos la sensación de estar completamente vacíos, claro será por que lo tenemos todo). Sin embargo ellas, que estando llenas se sienten vacías, abrazan al árbol, y al oído (¿acaso no sabéis que los árboles tienen oídos?), le dice: ¿tantas ramas y tantas hojas, y todas tuyas? Y el árbol, en su generosidad y nobleza, apiadado, responde: si, ellas son mis manos y siempre están llenas porque nunca aprietan, porque aprendieron a crecer, sencillamente creciendo. ¿Te has fijado alguna vez que las ramas de los árboles siempre están hacia abajo? (fíjate la próxima vez que vayas a la montaña). Mis manos, que no entienden de hojas, ni de ramas, solo buscan algo que tocar, es entonces cuando, viéndolas, una junto a otra, comprendemos que, como el niño empeñado en meter toda la arena de la playa en su cubo, igual estas pequeñas manos no saben que ya están llenas, llenas de colores que se mueven y de sonidos que se dejan atrapar por ellas, el sonido de la flor amarilla, el del agua besando las piedras, o aquél otro más difícil de oír, pero que en silencio, se distingue, como es el sonido de los reflejos en el agua, justo en el momento que el color verde se mueve para dejar sitio al azul.

Mientras nuestros ojos sorprendidos disfrutan con sus colores y nuestras manos, llenas pero vacías, se acaban de llenar para vaciarse tal y como nos dijo el árbol, vamos saboreando, sí saboreando. Sabores dulces y amargos que nos hablan, los primeros de cuando llegamos; los segundos de cuando nos fuimos. Nunca lo había pensado pero es cierto. ¿Qué siente nuestro paladar cuando estamos inmersos en plena naturaleza? Os invito a comprobarlo, es una mezcla muy agradable entre el chispeante y casi ácido sabor de las primeras naranjas de otoño, mezclado con el suave y dulce del plátano macho cocinado que es suave y mantecoso. Dejarnos invadir por la sensación de paladear pausadamente una Guanábana sintiendo esa mezcla agridulce mientras, impregnados de su aroma, dejamos hueco para la vainilla y el caramelo que también sabemos encontraremos aunque no sepamos ni cuando ni donde.

Deslizo suavemente mi mano por la rugosa corteza del árbol y, siento al mismo tiempo, su fuerza y su debilidad. Él que se sabe grande tuvo que inventar la resina para protegerse de enfermedades sin embargo no fue capaz de inventarse nada para protegerse del humano. Mi cuerpo, en sincera reconciliación, se quiere fundir con el suyo y mis manos recorren cada una de sus rugosidades. Así, pegado a él voy, de nuevo, experimentando nuevas sensaciones, que, callado y cansado, va regalándome una y otra vez.

Finalmente, abatido por tanta dicha, me voy deslizando hacia el suelo y, apoyando mi espalda sobre su gran cuerpo, comprendo que, otra vez, la vida me ha sorprendido. Apoyado comienzo a sentir, comienzo a experimentar plácidas sensaciones que me llevan al principio de los tiempos. Ahora, sintiéndome seguro por estar en casa, he comenzado a comprender lo dichoso que pude haber sido.

¿Pude haber sido?...

(jpellicer)

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30 Noviembre 2008

Alcanzando cimas

Entre árboles y riachuelos, percibiendo todos los regalos que aquella tarde de otoño, la naturaleza me entregaba y oyendo el crujir de las hojas caídas que, a modo de alfombra, se amontonaban en el suelo, mi mirada, confundida por tanta belleza, quedó absorta ante esta bella imagen.

Muchas veces ocurre que lo más difícil de la vida, decía el pensador, era llegar a entender su terrible sencillez. He tenido la oportunidad de vivir esta frase varias veces para, al final, llegar a empezar a creer que estoy de acuerdo con ella.

Aquella ardilla, subiendo alegre, ligera, trepando por su árbol (su árbol puede ser cualquiera), haciendo únicamente aquello para lo que vino a este mundo, naturalmente, era capaz de devolver, si devolver, la sonrisa a quién, seguramente por un motivo banal, hace tiempo la había perdido. La sonrisa casi siempre viene envuelta en papel fino y delicado, es frágil. Quien la provoca incluso no es consciente de la sensación del que la recibe. Quien la provoca, igual que la ardilla, no hace sino lo que en su vida es lo normal, sin embardo para quién la recibe, posiblemente, pueda llegar a ser incluso la tan esperada respuesta; ese medicamento que, a veces, tanto necesita el alma. (Si amigos todos sabemos de los medicamentos del cuerpo y también, aunque no los podamos comprar en farmacias, de los del Alma). Estos últimos, los del Alma, solo nos lo pueden recetar las ardillas, siempre que tengamos tiempo de ir a su consulta, la Naturaleza, y por supuesto, estemos dispuestos a pagar el alto precio por el medicamento recetado, la sonrisa.

Esta es la terrible sencillez a la que me refería al principio.

(jpellicer)

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21 Agosto 2008

Que será de tí... que será de mí.

El día se para y en mi cabeza estalla tu nombre. Dicen que has marchado, has marchado lejos, muy lejos. En tu largo viaje no caminas sol@, contigo, otros también partieron sin tiempo para decir adiós. No tuve tiempo de verte, ni mirarte, ni tan siquiera acariciarte; no tuve tiempo tan siquiera de rozar, en silencio, mi mano sobre tu piel. Imagino tus últimos segundos antes de partir, con tu sonrisa, con tus ojos bien abiertos, con todas las ilusiones desbordadas y desbordando; te imagino mirando y soñando. Te imagino…

Ahora me dicen que has marchado, que será de ti…que será de mí.

Ahora que me habías enseñado que la vida es bella cuando se ama;

Ahora que juntos éramos capaces de contar todas las estrellas;

Ahora que la vida, caprichosa y juguetona, ponía ante nosotros un mundo, nuestro mundo, para vivirlo.

Ahora cuando mis miedos y temores, derrotados, solo formaban parte de mi pasado, que no de mi presente; ellos no cabían junto a ti. Tampoco de mi futuro, tú ya habías entrado y, sin quererlo, eras parte de él. Contigo decidí construir mi templo, templo de sonrisas y caricias todas para ti.

Nuestro hogar, ese que cada mañana nos abría todas las ventanas para bendecir el nuevo día.

Ahora que dicen te has marchado, que será de ti… que será de mí.

Tanto nos quedó por decir, tanto por soñar, tanto por llorar, tanto por amar, tanto…

Me dicen que no marchas solo, que junto a ti, pegados a ti, caminan muchos más. Eso me consuela. Un viaje rodeado de personas como tu, personas que amaron y fueron amadas, hombres, niños, mujeres, jóvenes y viejos… todos juntos, unidos. A todos sorprendió el reloj del tiempo, el que nos indica que nuestro pasar toca su fin, o su principio, que nunca se sabe. A vosotros, a los que marcháis de la mano de mi amad@, cuidarl@, arroparlo las noches de frío.

Cuando nacisteis, llantos sonoros anunciaban vuestra llegada; ellos eran el motivo de nuestras sonrisas. Ahora que marcháis, vuestras sonrisas por ver todo lo que nosotros solo imaginamos, se convierten en nuestras lágrimas que desbordan ríos de tristezas.

Amargos despertares. Que será de ti… que será de mí.

Algún día yo también partiré, y tu, y aquél… algún día volveremos a juntar nuestras manos de la misma manera que unidos siguen nuestros corazones. Algún día comprenderemos que ellos ya caminan juntos, y nosotros, pobres, todavía mirando para otros lados.

Nos dicen que la vida debe seguir, que nuestro caminar no se debe detener. Nos dicen que otros siguen esperando de nosotros; que seguimos siendo luz para muchos… Si, es posible que todo eso sea cierto. Es posible que la vida nos siga necesitando, y que otros seres, pacientes, esperen nuestros cálidos y amorosos abrazos… Es posible que así sea y por todo eso y mucho más, debamos seguir. Quizá sea el precio a pagar por estar vivos. Pero ahora, ahora déjenme solo un minuto. Déjenme un minuto con mi dolor, que también mi dolor forma parte de mi amor. Déjenme que mi corazón descanse y abra un hueco definitivo donde alojar, para todas las eternidades, lo que tanto amé. Dejen que mis lágrimas recorran mi piel y mis llantos clamen a los cielos infinitos llamando por última vez a todos los que marcharon porque entre todos, camina despacio, quien tanto amó.

Dejen que por última vez, me pregunte, que será de ti… que será de mí.

(NOTA: Sensaciones trás el desgraciado accidente aéreo ocurrido en el Aeropuerto de Madrid Barajas el día 20 de Agosto de 2008, donde fallecieron 153 personas)

(j.a. pellicer)

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Mi nombre es Juan Antonio pero se me conoce más por Pellicer. Resido en Cartagena, pequeña ciudad del sur de España bañada por el Mediterraneo. Desde hace mucho tiempo vengo disfrutando del mundo de la Fotografía y la Poesia. El mundo de la fotografía, es apasionante ya que te permite no solo disfrutar con la contemplación del mundo que te rodea, sino también te brinda la oportunidad de interpretarlo, sentirlo... vivirlo. Es, como digo en mi página (www.jpellicer.es), asumir un reto. Con este nuevo espacio lo que pretendo es precisamente eso, tener y ofrecer un espacio donde compartir sensaciones. Sensaciones expresadas a través de la Poesia, en muchos casos, apoyado sobre una Fotografía.
Mira todas mis obras en http://jpellicer.artelista.com

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