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La Coctelera

Sensaciones y Fotografia (de jpellicer)

Viendo y sintiendo

Categoría: Relatos y Narrativa

28 Junio 2009

Bosque de Hadas

 

(Fotografía de la Exposición "Paisajes de mi interior")

 

En mis noches, caminando por sendas inexistentes, recorriendo praderas en folios dibujadas, subiendo montañas imaginadas desde abajo,  me recreo y alío con el silencio.  Mis manos, como guiadas por otro, buscan, tocan y sienten ásperas y húmedas maderas que aquellos árboles, al principio de los tiempos, tomaron prestadas para siempre. Mis ojos cansados de mirar y no ver,  en aquellas noches de luna llena, veían sin mirar. Las noches y los días,  mismo escenario para dos representaciones.

En la una no era él; en la otra no era yo. Sintiéndome presa fácil del gran sueño, me abandoné, como quería,  a la suerte de mis ojos y mis manos, ellos, que ya habían dejado de obedecerme, comenzaron, como cada noche, a inventar momentos para mí. Mis ojos abiertos atravesaban la neblina blanquecina que se derramaba y caía como manto que se extiende para abrigar el sueño de los árboles. Mis manos, ateridas, nudos imaginarios formaban recorriéndose y retorciéndose.

Entre aquellos silencios que yo no oía, ¿o si?, y entre aquellos fríos que no sentía ¿o si?, seres mágicos adornados de luces de colores y sonrisas de oro, con sus ágiles y diminutos cuerpos, dibujándose en el cielo, me invitaban a llegar, me invitaban a pasar... De nuevo acabó la noche, de nuevo despejó el día. De nuevo toca dormir, ahora, con los ojos abiertos y las manos cerradas. Aferrado a un sueño del que seguramente no me quería despegar, no por lo menos, hasta descubrir, con mis ojos apagados, cielos de muchos colores atravesados por mágicas figuras que, sonriendo y escondidas, prometieron esperar.

 

(jpellicer)

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4 Junio 2009

Tenemos que seguir

 

"El hijo le preguntó a su padre, 'Papá, formarías parte en el maratón conmigo?
El padre respondió, si'
Fueron al maratón y lo completaron juntos. Padre e hijo fueron juntos a otros maratones, el padre siempre decía 'si' a las solicitudes de su hijo de ir juntos en las carreras.
Un día, el hijo le preguntó a su padre, ' Papá, vamos a participar juntos en el ' Ironman ' ' El padre le dijo si también.
El triatlón Ironman abarca un 2,4 millas (3,86 kilómetros) nadando en los océanos, seguida por una 112 millas (180,2 kilómetros) paseo en bicicleta, y terminando con un 26,2 millas (42,195 kilómetros) maratón a lo largo de la costa de Big Island. "</i>

Queridos amigos, he recibido este video y creo que es maravilloso. A mi me ha impresionado. No se si alguno de vosotros ya lo ha visto, es posible que si. Pensando en aquellos que no lo halláis podido ver, aquí os lo dejo.
Me quedo con el ejemplo y el testimonio.
Me quedo con el mensaje de fuerza, de solidaridad, de amor.
Me quedo con esas ganas de superar los obstáculos.
Me quedo con la fuerza no por ganar, sino por llegar.
Me quedo con la entrega.
Me quedo con el aplauso de las personas que van abriendo las calles a la vez que el corazón.
Me quedo con la sonrisa final.
Me quedo con el signo de victoria.
Me quedo con el triunfo del esfuerzo.
Me quedo con la fe del que sabe que puede.
Me quedo con las ganas de vivir...
Si, queridos amigos, me quedo con la vida resumida en tres minutos...

(Jpellicer)

 

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1 Marzo 2009

A través del tiempo

 

Solo a través del tiempo comprendemos lo que somos,

lo que tenemos, lo que amamos, lo que añoramos...

Solo a través del tiempo es donde vemos incluso aquello que no queremos.

Con el paso del tiempo, vamos arrojando los fusiles,

enterrando los rencores, gritando la vergüenzas,

denunciando todas las miserias, también las que fueron nuestras.

Con el paso del tiempo, otros ciegos nos acompañan,

auténticos desconocidos, tantas veces deportados y alejados,

condenados a sufrir por delitos no cometidos;

corazones que prestaron, pobres engañados,

sus cuerpos y sus almas como moneda de cambio,

al servicio infame y ruin de viles intereses,

intereses inconfesables que también hicieron vidas,

vidas como esta, que muchas veces pensé, no era la mía.

Con el paso de tiempo, pena y tristeza, dejamos partir,

y en ese devenir, la paz, el silencio, la luz, la calma...

despacio, sin llamar ni pedir, nos va llenando, otra vez,

de todo lo que un día, ya lejano, y casi olvidado, fuimos.

El paso del tiempo nos devuelve el equipaje robado,

la lágrima derramada, el dolor arrancado,

nos reconforta de aquella injusta derrota,

nos devuelve la sonrisa, y nos exige la justicia.

El paso del tiempo nos recuerda lo que somos,

nos obliga a volver a mirar, y en esa mirada,

seguramente a perdonar...

nos enseña a comprender, nos permite cambiar.

El paso del tiempo, el que nos vuelve canos,

y torpes en nuestro caminar, y parcos en el hablar,

el que pensamos nos arrincona,

sin comprender ni aceptar, que nos elige;

el que nos aleja y separa de los nuestros,

sin concebir que empieza a unirnos a los que,

de verdad lo fueron.

El paso de tiempo, ingrato y cruel pensarás, amigo,

sin entender que es el único que nos defiende y justifica,

nos defiende del odio, del egoísmo... la indiferencia;

el paso del tiempo nos va presentando,

en el espejo del camino, ese peregrino que mirando al cielo,

se sigue preguntando porqué.

A través del tiempo, asomados, mirando hacia dentro,

Vamos hablando con los ojos,

sintiendo con el alma,

y pidiendo... con las lágrimas...

                                                                       (jpellicer)

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22 Febrero 2009

Quien me compra una mentira

 

¡¡Mentiras!!, ¿quien me compra una mentira...?

las tengo grandes y pequeñas, señora,

mentiras para chicos y mayores,

para niñas y jovencitas;

mentiras para todos y todas.

Oiga las vendo baratas: dos al precio de una.

Mentiras piadosas, cariñosas...

también en oferta las tengo dolorosas,

Mentiras de hoy y de ayer.

Mentiras de enamorados que dicen "te quieros",

de Jefes que miran a los ojos,

de Políticos que hablan verdades,

de Asesinos que miman,

de Guerras justas;

mentiras de niños muertos de hambre que se ríen,

mentiras de iglesias bañadas de oro

que, sobre palios, ganan cielos y eternidades,

escatimando una moneda para el que sufre.

¡¡Oigan!! pasen y vean señores y señoras,

 mentiras de ocasión,

ponga una mentira en su vida...

Mentiras solas o con promesas

mentiras de gritos o silencios,

mentiras para usar de día o para usar de noche,

mentiras que te dicen guapa,

o te desean felicidad,

mentiras de amigo, de hermano,

incluso suyas, le vendo una mentira suya,

¡¡mentiras señoras y señores!!,

mentiras para todos, baratas... pasen y vean.

Mentiras que no dan asco,

que te ayudan a ser mas feliz,

mentiras nuevas y de segunda mano,

¡¡señores y señoras!!,

la casa de la mentira ha llegado,

llévese dos al precio de una,

"la Guerra ha acabado y Vacunas para todos"

a un euro, señora.

Mentiras para el niño y la niña,

mentiras para enfermos,

para solitarios, para prostitutas y borrachos,

mentiras para creyentes y ateos,

para sabios o insensatos,

mentiras para ricos o pobres,

tengo para todos señoras y señores.

Llévese una mentira,

haga como su vecino, o como su amigo

o como ayer hizo su hermano...

(jpellicer)

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22 Enero 2009

Mi nuevo día, mi viejo día

  

     El día, con su Todo vivido, ya se marcha.

     Se aleja despacio, como no queriendo; se despide otra vez y otra más,  dejando millones de historias atrás, historias que sin argumentos parecieran quedar. Y yo, de nuevo aquí, mirando como te alejas, observando como te disfrazas de noche, dejándome otra vez con la palabra en la boca.

     De nuevo admirando tu sublime belleza, esa belleza con la que solo Tu te sabes adornar.

     Hoy vine a despedirte, y tu, como adivinando, regalándome tu mejor sonrisa, despacio, comienzas a desaparecer.

     Antes del alba, cuando apenas te imaginaba, ya te sentía bello, ahora despidiéndote, sé que no me equivoqué.

     Contigo llegó la paz que buscaba; el pan que necesitaba; el aliento que deseaba; el amor por el que luchaba... contigo llegó todo lo que, incluso sin comprender, me faltaba.

     Tú, mi nueva página aún por escribir; mi nuevo lienzo sobre el que pintar... ese mundo blanco que espera.

     Mi nuevo día, que te me ofreces entero, y yo, pobre, sin entenderte aún después de tantos siglos, conformándome y disfrutándote sólo aquí, testigo de tu despedida.

     Mi nuevo día, mi viejo día...

     Como agua que entre mis manos desaparece, así lo haces tú de mi vida. Contigo marchan mis ilusiones, y mis sueños, y todos mis anhelos, y contigo, como cosidos, marchan también todos mis amores, que no son pocos.

     Junto a ti, seguramente un poco de mí, de la mano, sin volver la mirada, también desaparece. Y mientras te alejas, te desdibujas en negras nubes confundiendo mi mirada, y mientras voy dejando de verte, apenado, tu calor y tu color extraños presentes ocupan ahora imaginarios corazones.

     Ya te imagino... aún más bello. Ahora que no estás, que te puedo poner nombre, que te puedo vestir y dibujar con los más bellos colores que ningún Arco Iris jamás poseyó. Ahora que puedo ser tu dueño (seguramente solo seamos dueños del pasado), ahora que me regalas la noche, ahora es cuando comienzo a creer en tu grandeza.

     Mañana de nuevo regresarás, y vestido con otros colores, un nuevo día me inventarás. El alba, antesala de todo lo que está por vivir, será la que cariñosa, comience a hablarme de ti con músicas de nuevo desconocidas.

     Un nuevo día está por llegar, será bello, será grande, será mío... pero también será Único.

(jpellicer)

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16 Enero 2009

Nuevos ojos...nuevos corazón

Hace muchos años, un sabio de los que a veces conocemos a lo largo de nuestra, me contó una historia que guardo en un lugar distinguido en el fondo de mi corazón.

La historia no es mía, pero tengo la sensación que, de tanto contarla y contármela (en los momentos de tristeza y soledad, es bueno no olvidarse de uno mismo y contarse historias, sobre todo aquellas que nos ayudan a sentirnos un poco mejor en medio de nuestra soledad, pero bueno esta es otra historia que contaré en otro momento...). Esta historia caló tan hondo en mí que incluso me olvidé quien me la contó, por eso pensé que fue un sabio, ellos, los sabios, suelen pasar desapercibidos. De tanto contarla en algún momento creo que definitivamente la hice mía.

Se llama, o le puse el nombre de “La historia de un Hombre Bueno” y dice así…

“Cuenta la leyenda que hace muchos años, muchos. Caminaba un Hombre Bueno acompañado de sus amigos, que también eran hombres buenos, por mitad de un bosque. Iban paseando, charlando, comentando… hablando de todo aquello que suelen hablar los hombres buenos cuando pasean por entre los árboles del bosque. (Todos los hombres buenos, cuando pasean entre los árboles, hablan de cosas muy importantes, escudriñan cosas en el más allá, a veces incluso permanecen en completo silencio para escuchar todos los silencios, ya comentamos en una ocasión que los silencios son los idiomas de la Paz, pero de esto, como la historia de la soledad de arriba, ya lo comentaremos en otro momento). En estos paseos era muy respetada la palabra del hombre más bueno de todos los buenos. Por eso casi nunca hablaba. Casi siempre escuchaba.

Caminando y caminando, este Hombre Bueno, mientras escuchaba y respondía, no dejaba de contemplar todas las bellezas que aquél idílico paisaje inventaba.

Sucedió que pasaron cerca de lo que parecía ser un vertedero. Así lo intuyeron todos aquellos hombres buenos, debido al hedor que según se acercaban, este desprendía. Los hombres buenos, llevándose sus manos a la boca y la nariz, trataban de eludir aquél nauseabundo olor. Era insoportable. En su afán de evitarle al Hombre Bueno pasar aquél mal momento sugirieron dar la vuelta… regresar… cambiar la dirección.

El Hombre Bueno, enamorado de aquél paisaje, y haciendo caso omiso de las advertencias del resto de hombres buenos, decidió seguir con el paseo, adentrándose en aquél lugar repleto de miseria y podredumbre. Todos los hombres buenos, con sus manos tapando sus bocas y narices, y dando arcadas evitando vómitos, con gesto displicente, seguían al Hombre Bueno, que impasible y sin perder la sonrisa, continuaba caminando.

Inesperadamente el Hombre Bueno se detuvo, y quedó fijamente observando lo que en el suelo inerte yacía. En ese instante todos los hombres buenos pararon junto a él para contemplar aquello que había llamando la atención del Hombre bueno, Pronto todos comenzaron a vomitar. Todos comenzaron a protestar. Incluso alguno hubo que abandonó al grupo alejándose. Con mal gesto intentaban apartar y alejar al Hombre Bueno (que permanecía con la mirada fija en aquel perro, que muerto, yacía completamente desfigurado).

La escena ciertamente era muy desagradable. El hedor insoportable. Aquel animal debió tener una muerte muy desagradable. Su cuerpo girado yacía abierto y, gusanos blancos y sedosos, como si de un gran manjar se tratara, corrían entre sus carnes, escondiéndose entre sus huesos, algunos de los cuales se veían completamente fracturados. Sus ojos permanecían abiertos, con esa mirada fría que no dice nada, pero que si te fijas lo dice todo, (por cierto ¿alguna vez habéis observado fijamente la mirada (los ojos) de una persona que acaba de fallecer?, es increíble los mensajes que encierran esas miradas, mensajes que en muchos casos, nos hablan de cosas insospechadas… pero esta es otra historia, como la de la soledad o los silencios de la Paz que hablábamos antes,, de la que hablaremos en otro momento.). Ante el asombro de todos lo hombres buenos, observando como el Hombre Bueno miraba y parecía recrearse ante aquella dantesca, sin comprenderlo, no dejaban de hacer aspavientos de repulsión y repugnancia. Tras un largo silencio, el Hombre Bueno se dirigió a ellos al tiempo que se agachaba señalando con su dedo aquel cuerpo podrido y mal oliente.

-

- Fijaros, decidme que opináispreguntó el Hombre Bueno -.

- Es horrible, da asco, es repugnante, respondían algunos.

- No lo soporto, decía otro.

- Jamás había visto algo tan horrible, contesto otro al tiempo que limpiaba su vomito.

Y así todos, uno a uno fueron constestando. Entonces el Hombre Bueno, acercandose su dedo aún más al cuerpo del aquel animal, dijo clavando su dedo en la dentadura de animal;

Os habéis fijado en los gusanos, en la carne podrida, en los huesos rotos. Habéis sentido el olor desagradable de su podredumbre. Pero ninguno ha reparado en su dentadura. Ninguno se ha fijado lo perfecta que es, lo blanca y lo bien formada que está. Ninguno se ha parado a ver esos colmillos perfectos. No os habéis fijado que aún conserva intactos sus 42 piezas. Tampoco habéis reparado que su boca encajaba perfecta, configurando una cavidad hermética. Además este animal debió estar muy bien cuidado ya que no tiene rastro de sarro ni caries en ninguna de las piezas. El Hombre Bueno explicaba todo esto al tiempo que con su dedo iba detallando todos los pormenores.

Aquellos hombres buenos, mudos, comenzaron a apreciar la belleza de aquella dentadura.

Aquel Hombre Bueno guardó silencio. y al poco tiempo, improvisando una sepultura, depositó aquel cuerpo en aquél improvisado y amoroso nicho.

Esta es la historia del Hombre bueno.

Esta historia me enseño que siempre tiene que haber un motivo para la esperanza, un motivo para la ilusión. Me enseño a buscar, a intentar descubrir el lado bueno de las cosas. Me enseñó que la grandeza y la pobreza son hijas de la misma madre. Y también me enseño que yo puedo, si quiero, ser un Hombre Bueno o por el contrario solo ser un hombre bueno.

¿Sabéis como distinguir a los Hombres Buenos de lo hombres buenos?

Los Hombres Buenos van, a veces en silencio, pero repartiendo sonrisas. Los otros hablan más pero casi siempre están serios.

(jpellicer)

(

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11 Enero 2009

Bellos y solitarios

Paisajes tranquilos y multicolores; paisajes llenos de azul, el azul de los cielos, de aquellos cielos tan lejanos y tan cercanos. Paisajes soñados y vividos, confundidos en mi interior. Bellos paisajes que sin dueños, esclavos de todos parecieran.

Bellos y solitarios paisajes que nos acogen, acaso para hablarnos sin palabras… mostrándose, de belleza, implorando así, nuestra clemencia.

Paisajes solitarios, que sintiéndose últimos, continúan luchando, simplemente estando; es de este modo como ellos viven, simplemente estando.

Paisajes que fueron los más leales confidentes. Paisajes cómplices que en aquellas noches de verano ocultaban figuras de amantes amándose. Paisajes bellos, que despiertan antes del día, ocultándose para recibir tranquilos, las nanas que la Luna, meciéndolos, le susurran.

Bellos paisajes que intentan rodearnos y abrazarnos, y nosotros pobres desdichados… sin llegar a entender.

Son los mismos paisajes del ayer, que hoy, igual de bellos, lucen menos. Igual de cercanos se sienten tan lejanos.

Paisajes que son nuestra vida; que dieron sentido a nuestro pequeño mundo, que dibujaron nuestros primeros colores; que hablaron para nosotros; paisajes en donde nos perdíamos para luego volver a aparecer más sanos y mas salvos. Paisajes tranquilos que se vestían de verdes y amarillos y yo, entre silencios de admiración bautizaba, llamando Otoño a unos, Primavera a los otros.

Los de otoño me hablaban de fríos, de hojas que bailaban en sus suaves caídas, de senderos húmedos y ríos plateados. Aquellos de Otoño eran bellos, porque entre ellos, melodías impensables llegaban a nosotros envueltas de trinos aislados a modo de despedida. También los de otoño tenían el encanto del último adiós, de la noche, del sueño tranquilo, del beso en la mejilla y la suave caricia de la mano posada, como protegiendo, nuestra faz. Aquel rostro del que aún sin marcas ni arrugas, ni lágrimas que, en su huida, van dibujando sobre nuestra piel aquellos ríos plateados, sonríe tranquilo y cerrando los ojos se entrega a la noche.

Los de Primavera, alegres, vestidos de todos los colores, aquellos que adornaban su cabeza con su mejor tocado, tocado llamado Arco Iris. Aquellos paisajes de primavera, como niños jugando, presumidos, vestidos de domingo. Paisajes de primavera soñados, ansiados, deseados…

Ellos fueron la inspiración del poeta; el lienzo del pintor, la morada del que ama, ellos aportaban esa nota perdida en la más bella de las melodías. Ellos también fueron el sosiego y la armonía del inquieto y la fuerza del débil. Los paisajes de primavera siempre fueron cortos porque siempre eran vivos. Las personas nos hablaban de ellos, a su manera, así conocíamos de su llegada; cuando los almendros se vestían de blanco, cuando miles de especies, al tiempo despertaban; cuando aquellos ríos plateados, locos de alegría, saltaban por encima de las rocas, cuando podíamos ver a lo lejos mas paisajes de más primaveras y cuando al final del día, aun impregnados de hierba y verde y con todos los colores llenando nuestro corazón, dibujando sonrisas abrazábamos de nuevo nuestra Luna.

Bellos y Solitarios paisajes que fuisteis todo para Todos; que entre vuestros colores todavía hay millones desconocidos y entre vuestros aromas aun guardáis los mas preciados para la segunda vez….

Bellos paisajes, decidnos:

¿Alguna vez fuimos parte de ti?...

Tu silencio, ese que escucho siempre que te miro, me dice que Si.

- Entonces discúlpanos si tantas veces te ignoramos.

(jpellicer)

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4 Enero 2009

Historia de un hombre gris en un mundo gris

Esta es la historia de un hombre Gris en un mundo Gris. Es la historia de un hombre que sin darse cuenta, comenzaba a vivir soñando y a soñar viviendo. Esta historia pudo haber sido la tuya o la mía, o la de cualquier otro pero fue la de él.

Azet Sirt ese era el nombre que aquél hombre. Todos los conocían como Azet. Nunca llegó a entender porqué su madre jamás le llamó por su nombre; ni tan siquiera sabia quien se lo puso ni porqué, ni cual su significado, nadie se lo explicó.

Los amigos de Azet tenían nombres distintos, nombres que él no entendía: su mejor amigo se llamaba “Rolod”;, juntos disfrutaban mirando durante horas (ahora no se decía horas, se hacia una señal con la mano extendida doblando los dedos hacia el interior de la palma) los nidos de los pájaros que un viejo árbol situado detrás de su casa entre sus troncos guardaba. Recuerda el día que tuvieron que dejar de ir a ver los nidos de los pájaros; al girar la calle que los conducía al árbol vieron, asustados, como una máquina negra y grande, lo arrancaba. Esa máquina no era conducida por nadie, se movía sola. Más tarde aquel árbol que era grande se convirtió en polvo amarillo que al poco tiempo también se iba haciendo gris.

También recuerda a “Samirgal”. Este era un poco mayor que ellos. Lo último que recuerda de Sam (así lo llamaban) fue verlo marchar caminando, junto a sus padres ya mayores, sin dejar de girar su cabeza diciendo adiós con aquellos ojos llorosos. De su amigo Sam también guardaba para sí un recuerdo; ellos eran muy aficionados a pintar nubes, y les gustaba hacerlo de una manera muy especial. Por las tardes, después de la merienda, marchaban al lago que había cerca de casa, más allá del árbol de las cenizas (de esa manera comenzó a llamarse aquél lugar). Al llegar al árbol, aquél que hubiera perdido la tarde anterior, debía dibujar las nubes, pero no las del cielo, no, había que dibujar los reflejos que ellas proyectaban sobre las aguas del lago. El otro, después, mirando aquél dibujo, tenia que pintar un cielo real. Era muy divertido aquél juego, recuerda cielos azules llenos de enormes nubes blancas. Al poco tiempo, tuvieron que dejar de pintar nubes, ya no merecía la pena, todos los dibujos comenzaron a ser iguales. Apenas se notaba la diferencia del cielo y las nubes, incluso el lago también empezó a verse gris, y claro los reflejos de las nubes blancas poco a poco empezaban a ser grises. Se contentaba pensando que a partir de entonces las nubes blancas solo estarían en su mente, una mente capaz de inventar un lago azul donde proyectar las nubes blancas, además como la mente era la suya y él el inventor, el lago sería más grande que el otro, de tal manera, creía inocente, tardaría más en volverse gris.

Recuerda a una chica de pelo rojo y ojos negros muy grandes que se llamaba “Arugrama” aunque todos la llamaban “Arug”; con ella, Azet, hablaba de montañas y ríos y prados de color verde. “Arug”, que era más pequeña, jamás vio un prado verde, por eso Azet le explicaba como eran. Ella, sin dejar de mirarlo, oía todo lo que Azet, emocionado, contaba acerca de los prados verdes. Sonreía Arug cuando Azet, con los ojos muy abiertos sin parar de gesticular con las manos, contaba que en los prados verdes hubo un tiempo donde las familias llegaban de todas partes y se acostaban y, mirando las estrellas, quedaban dormidos; y los niños corrían y se caían y no se hacían daño. Los prados verdes, eran tan verdes, que a veces, las flores verdes no se veían, solo las amarillas y las rojas se podían coger. Arug, asombrada por aquellas historias, preguntaba una y otra vez a Azet cuando la llevaría a ver un prado verde aún a sabiendas que no podría ver las flores verdes; Azet no encontraba respuesta. Sabia que en aquellos prados los niños hacia tiempo habían dejado de correr, estaban rodeados de cables y alambradas muy altas, estaba prohibido acercarse a ellos, decían que era muy peligroso desde que los hermanos Sodidrep, un día estando en el prado perdieron las piernas. Arug pensó que seguramente habrían pisado alguna de aquellas flores grises que Azet le contó habían empezado a crecer.

Azet siempre fue un chico alegre y dicharachero. Gustaba correr por los caminos, hasta llegar a lo alto de una pequeña colina desde donde podía ver, al fondo, casi tapadas por un manto grisáceo que, todas las mañanas a esa hora, caía del cielo, las montañas que algún día, se había jurado escalar. Cada día corría más y más deprisa porque tenia la sensación que llegaría el día que aquella cortina gris seria tan espesa y oscura que le impediría poder ver sus montañas (él pensaba que eran suyas, tanto las quería…). También disfrutaba yendo a pescar a un riachuelo que bordeaba unas tierras más allá del bosque en el que un día su padre, se perdió; al menos eso fue lo que le contaron los mayores. Azet hace tiempo que tuvo que dejar de ir a pescar, el riachuelo se secó y nunca más volvió a ver aquellos peces que parecían jugar nadando alegres entre aquellas cristalinas aguas de las que muchas veces incluso había llegado a beber cuando la sed apretaba bajo aquel radiante sol de Junio. Aquel manto gris que cada vez llegaba antes, cuando marchaba, (siempre era por las noches), pareciera llevarse los peces del riachuelo, incluso a veces, hasta el mismo Sol parecía sucumbir ante él. Estaba Azet muy preocupado porque temía incluso quedarse sin el mes de Junio. En cierta ocasión recuerda Azet haber mantenido una conversación con una flor gris muy bonita a pesar de tener apenas dos o tres pétalos. Le preguntaba Azet, sentado en el suelo junto a ella, porque estaba tan sola. La flor gris de pocos pétalos, pareció entender a Azet, le contestó que sus amigas, un día se negaron a salir porque ellas querían seguir siendo como siempre fueron. No dudó entonces en preguntar de qué color eran, la flor gris, cerrándose sobre sí, contesto que Amarillas. Claro, se dijo para si Azet, ahora recuerda que hace mucho tiempo aquellos campos eran amarillos y parecían moverse cuando los vientos, que no tenían color, suavemente las acariciaba.

Pasaban los días y Azet, sentado sobre una vieja silla miraba por la ventada a través de su máscara. Se la tenía que poner todos los días durante dos horas después de levantarse y otras dos antes de acostarse. Su madre como era mayor, tenía que llevarla todo el día, él solo 4 horas. A veces se levantaba a media noche para poder ver su cara aunque fuera dormida, era el único momento en que ella se desprendía de aquél horrible disfraz. Recuerda la cara de su madre dormida, aquella piel suave y delicada, apenas sin arrugas, blanca, de un blanco nacarado y unos ojos pequeños y hundidos. Los labios, dibujando sonrisas, parecían pintados sobre un papel húmedo. Cuando desde la oscuridad de aquella habitación miraba a su madre dormida, a su mente llegaban todos los abrazos y todos los besos que hacía tiempo tanto echaba de menos. Tuvo que pasar mucho tiempo para empezar a comprender el porqué su madre le negaba aquellos besos y abrazos.

Durante el tiempo obligado de máscara (2 horas por la mañana y 2 por la noche), Azet se distraía observando como aquellas figuras con trajes blancos pasaban una y otra vez, cargando en aquellos enormes camiones, deformes bultos negros que iban amontonando unos sobre otros. De uno de ellos, por los agitados vaivenes de aquel transporte pareció caer algo, más tarde, pensó, cuando saliera a ver sus montañas, lo cogería. El tiempo que debía estar con la mascara se hacia largo, por ese motivo su mejor distracción era dibujar. En las páginas de su libreta favorita, dibujos de todo lo que recordaba antes de que los días empezaran a oscurecer.

Lo primero que hizo aquella mañana fue ir corriendo a coger del suelo el objeto que cayó de aquél camión la mañana anterior. Quedó inmóvil cuando, en el interior de aquella bolsa transparente, pudo ver lo que le parecieron unos cabellos como rojizos formando un mechón de un color entrecano ligeramente humedecido. Dejándolos nuevamente en su sitio, el suelo, fue, como siempre, a caminar por su senda secreta para mirar sus montañas. Aquella mañana no pudo pasar por el lugar por el que acostumbraba ya que, una enorme y profunda zanja atravesaba el camino haciendo imposible llegar hasta él. Recuerda que ante este imprevisto decidió ir en busca de Arug por si le apetecería acompañarlo a coger flores grises. Antes de llegar a la casa de ella, alguien que no conocía y que también llevaba un enorme traje blanco, se le acercó y le dijo que debía marcharse, ante su insistencia preguntando por Arug, aquélla figura a la que difícilmente se le podía ver la cara, le contestó que Aruc se había marchado a casa de sus tíos que estaban en otro Estado. El sabia que Arug no tenia tíos en ningún otro estado, de haberlos tenido, se lo habría contado.

Pensando en todo aquello, y ante la imposibilidad de ver sus montañas y de no poder ir con Arug a coger flores grises, Azet decidió regresar a casa, al menos allí, podría seguir escribiendo en su libreta favorita.

De esta manera pasaban los días, y Azet presentía que algo debía estar ocurriendo en el exterior de su casa. Los días cada vez eran más cortos. Lo que tampoco entendía era eso precisamente.

¿Si los días cada vez eran más cortos, porque las noches no eran cada vez más largas?se preguntaba una y otra vez, sin llegar a ninguna conclusión

Poco a poco debía estar más tiempo con aquella máscara puesta sin poder salir de casa; pero eso ya daba igual, de todas formas ya no podía ir a ver sus montañas, ni coger flores grises, ni correr para ir a ver los nidos de los pájaros del árbol que se convirtió en polvo amarillo.

Aquella mañana quiso saber porque su madre pasaba tanto tiempo en cama, acercándose despacio y abriéndose paso entre aquellas figuras blancas, comprobó que no tenía su máscara puesta, alegre y contento Azet, corrió hacia ella para abrazarla y besarla, entonces una mano blanca se interpuso entre él y la cama obstaculizando su paso. Apartando su cabeza pudo ver la cara de su madre, aquella cara que parecía encendida por una luz inexistente. Aquel rostro permanecía con los ojos cerrados y los labios dibujados; la cara, de piel fina y delicada de la que las arrugas aun no habían apoderado, serena y tranquila parecía descansar; aquella boca que, sin hablar, todos los días me decía cuanto me quería; sus ojos, ahora cerrados, los recordaba con mirada cariñosa, buscándole en silencio por todos los rincones. Aquel cuerpo, envuelto en ropas negras, ya no respiraba.

Azet, inclinando su cabeza, comenzaba a comprender que todo iba tocando a su fin.

En los días ya no brillaba el Sol; “sus” montañas se perdieron en las espesuras grises. Los vientos llegaban amarillentos, traían consigo el polvo amarillo de millones de árboles arrasados por millones de máquinas negras de otros estados. De sus amigos nunca mas supo, todos se marcharon. Sólo mirando los dibujos de las páginas de su libreta favorita podía recordar los prados verdes llenos de flores amarillas y rojas….

Azet, cansado, de nuevo se sentó, y ahora sin máscara, clavó sus ojos en el horizonte gris que divisaba tras su ventana. El aire caliente empañaba los cristales y él, conforme, despedía el día sin que aún hubiera llegado la noche.

Desayunando aquella mañana recordó un juego que su madre le enseñó. Derramando harina de trigo, que aún quedaba de la última recogida de trigo, sobre la mesa escribió su nombre - Azet Sirt -, mirándolo fijamente, casi sin fuerzas quedó dormido. Un sobresalto lo despertó, con los ojos bien abiertos, pero como si estuvieran llenos de arena, vio que todo era gris; el suelo parecía sucio; los muebles viejos; en las escaleras huellas pequeñas que parecían subir solas. Recorría con su mirada aquella destartalada estancia que hasta ahora había sido su hogar, y reparó sobre un espejo, en él podía ver su figura reflejaba sentado con los brazos descansando sobre la mesa. Fijando aún más su mirada, paró en el nombre escrito sobre la harina de trigo, fue entonces cuando lo comprendió todo. Su nombre Azet Sirt había quedado reflejado y en aquel reflejo encontró su Respuesta. AZET-SIRT ---- TRIS-TEZA.

Ahora todo empezaba a tener sentido, incluso los nombres de sus amigos, para entenderlos, había que leerlos al revés, el mundo había cambiado y ellos con él.

Quizá nosotros, sin darnos cuenta, sin saberlo, hemos comenzado a dejar de ver un poco las montañas del final del camino, o los prados verdes, o el aire que no es amarillo… quizá nuestros amigos ya no existen, y quizá nosotros, sin darnos cuenta, hemos comprendido que formamos parte de este mundo Gris.

Azetsirt que significa TRISTEZA, no pudo conseguirlo, seguramente tras esta historia Gris de un Hombre Gris en un Mundo Gris, nosotros seamos capaces de retener todos los colores para seguir dibujando con ellos, reflejos azules y blancos en lagos infinitos.

(jpellicer)

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Mi nombre es Juan Antonio pero se me conoce más por Pellicer. Resido en Cartagena, pequeña ciudad del sur de España bañada por el Mediterraneo. Desde hace mucho tiempo vengo disfrutando del mundo de la Fotografía y la Poesia. El mundo de la fotografía, es apasionante ya que te permite no solo disfrutar con la contemplación del mundo que te rodea, sino también te brinda la oportunidad de interpretarlo, sentirlo... vivirlo. Es, como digo en mi página (www.jpellicer.es), asumir un reto. Con este nuevo espacio lo que pretendo es precisamente eso, tener y ofrecer un espacio donde compartir sensaciones. Sensaciones expresadas a través de la Poesia, en muchos casos, apoyado sobre una Fotografía.
Mira todas mis obras en http://jpellicer.artelista.com

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