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Terra
La Coctelera

Poesía y Fotografia (de jpellicer)

Viendo, viviendo, sintiendo y aprendiendo

Categoría: Relatos y Narrativa

17 Mayo 2011

Lorca: Tras la estela de una tragedia

 

 

"Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas."

(Anatole France. Escritor francés)

 

Lorca: Tras la estela de una tragedia

 

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Con las primeras luces del alba comienzo a preparar los pocos enseres que he decidido me acompañen (bolígrafo, cuaderno de notas, gafas, mi inseparable gorra y por supuesto mi cámara de fotos, calzado cómodo y prendas ligeras).

Mi casa está situada a unos 100 Km. Del lugar de la tragedia: Lorca.

Confieso que a pesar de la cercanía no conozco la zona, aunque si he pasado con motivo de otros viajes (Sevilla, Granada...) cerca de esta ciudad; mezcla de culturas y encrucijada de caminos, ostentando el meritorio titulo de Conjunto Histórico-Artístico gracias a su legado arquitectónico, verdadero emblema del barroco español.

Durante el trayecto el mar con ese azul que comienza a imaginarse va quedando a mi izquierda. La carretera es despejada y mis pensamientos se van abandonando entre bellos paisajes de mar y montaña que se van inventando para mí.

Apenas una hora a transcurrido y a medida que me voy aproximando se va haciendo patente el trasiego de coches y vehículos. La ciudad ya se divisa al fondo. Lo primero que se nos descubre a lo lejos y frente a nosotros es la conocida como Fortaleza del Sol, bastión defensivo que marcó durante siglos la frontera entre el reino cristiano y el musulmán, atalaya que es la seña de identidad de la ciudad y su Territorio.

Un paseo amplio donde cientos de vehículos en caravana nos vamos agolpando en el acceso a la ciudad. Apenas se avanza pero el tiempo de espera entre arrancada y arrancada es imperceptible. La vista se pierde buscando los detalles de la tragedia entre las fachadas de las primeras viviendas.

Observo personas formando corros, hablando, saludándose. Seguramente compartiendo sus particulares odiseas. Ante mi comienzan a aparecer los primeros estigmas de la tragedia. Fachadas apuntaladas, zonas cercadas y precintadas, bajos de edificios totalmente abiertos dejando desnudos los pilares. Es en ese momento donde uno comienza a adquirir conciencia del horror vivido por estas personas.

Quiero llegar, ya siento como deseo mezclarme con la gente, respirar esas calles, captar, - si es que con una simple cámara ello es posible - , todo el dolor y toda la tragedia que se vivió.

No sé donde debo aparcar, ni tan siquiera donde debo dirigirme. Ignoro si estoy cerca o lejos del lugar donde me gustaría estar. Hay muchas fuerzas del orden (Guardia Civil; Policía Nacional; Policía Local...)  por todas partes que van indicando y desviando a los vehículos por accesos señalizados al efecto. Intento pasar el control para adentrarme en el casco de la ciudad. Finalmente consigo separarme del resto de la caravana y dirigirme, llevado del sentido de curiosidad, hacía otro lugar. He llegado a una calle de las principales del núcleo urbano y es ahí donde decido aparcar el vehículo y disponerme a "empaparme" de emociones.

La calle es amplia, atravesada por una vía con doble sentido de circulación. Edificios relativamente nuevos de varias plantas. En los bajos comerciales se van sucediendo bancos, establecimientos de moda, bares, cafeterías, locales comerciales. Toda la calle dispone de mobiliario urbano y elementos decorativos que la embellecen: jardineras cuidadas, farolas, etc. Da la sensación de ser una calle de las llamadas principales, una arteria de paso obligado.

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Lo primero que uno descubre al bajarse del vehículo es una extraña sensación, un escalofrío que recorre todo el cuerpo, al contemplar, en una primera mirada los daños de esas construcciones. Grietas en todas las fachadas; unas mayores otras menores. Grietas que como cicatrices atraviesan en todos los sentidos y direcciones las fachadas de todos inmuebles. Montones de escombros que están siendo recogidos por las cuadrillas de hombres que afanosamente están trabajando. A  medida que voy recorriendo la calle voy reparando en escenas que captan mi atención. Escenas que en otro momento o lugar hubieran pasado desapercibidas. Una chica en la puerta de un establecimiento que callada contempla la escena, acaso pensando y recordando el fatídico momento cuando tembló la tierra bajo sus pies; dos personas que seguramente no se habían visto desde entonces fundiéndose en un sentido y solidario abrazo; esa madre que lleva a su hijo de la mano quizá mas apretado que nunca....

A medida que van pasando los momentos y uno se va sobreponiendo a ese primer impacto visual, comienzo a caminar dejándome llevar de ese sentido natural de orientación que uno se reconoce a si mismo. Todas las calles están cortadas o precintadas en su totalidad o en una buena parte de ellas. Las personas se amontonan en grupos -tertulias urbanas improvisadas-  donde el tema de conversación es el mismo en cualquiera de sus múltiples variables.

El trabajo de limpieza y aseguramiento de las zonas  peligrosas por parte de los equipos de trabajadores destinados a ello es ágil. Se trabaja con aparente organización, unos amontonan escombros, otros fijan paredes y fachadas, otros descuelgan definitivamente trozos de cornisas y revestimientos que caen produciendo sonoros estruendos al chocar contra el suelo. Profesionales con cascos blancos que "auscultan" las "dolencias" de todos y cada uno de los edificios, marcando con colores, como en la vida, (el verde: la esperanza, el mañana; el rojo: el dolor... el derribo) los instantes que vamos viviendo.

El trasiego de personas y de vehículos el grande. Sin embargo se respira en el ambiente un clima de vuelta a la normalidad. Los bares comienzan a llenarse; las tiendas van recuperando su habitual "trajín".

Los rincones y las formas imposibles dejadas tras el temblor en casi todas las construcciones de todo tipo, comienzan a captar mi atención tras el primer impacto.

Con la cámara en la mano voy dejándome llevar. Es como si mis pies fueran siguiendo el rastro de miedo dejado por lo que a buen seguro tuvieron que ser aquellos interminables segundos de angustia e incertidumbre.

Voy pasando tras algunos precintos y me cuelo en Iglesias que están siendo apuntaladas por los trabajadores que me miran con cierta extrañeza; en portales de edificios donde no hay nadie porque todos tuvieron de salir con lo puesto; en entradas a garajes donde la puerta solo se puede intuir entre el escombro; un graffiti llama mi atención (la imagen de una niña escribiendo) ya que la casualidad ha querido que imagen y escombro construyan un solo momento donde simbólicamente la niña parece estar "pintando" sobre el escombro;

 

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torres y campanarios "heridas de muerte" atravesadas por enormes grietas; fachadas totalmente derruidas formando un montón de escombro que impide ver la otra vivienda...

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Un largo etcétera de momentos y sensaciones que ninguna cámara seguramente jamás podrá ser capaz de captar.

Quiero más, quiero adentrarme en las zonas donde el acceso es imposible. En aquellos lugares donde el horror se cebó. Lugares que permanecen total y absolutamente sellados al público.

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Pienso que lo mejor, sin ambages ni rodeos es dirigirme al Ayuntamiento y presentarme a alguna autoridad correspondiente al objeto de solicitar me asignen una persona que me facilite dicho acceso. No en vano mi intención es intentar, en un sincero ejercicio solidario, mostrar y compartir el dolor dejado por este azote de tragedia. Al llegar a la Plaza del Ayuntamiento, comprendo que mis intenciones pueden esperar, son infinitamente secundarias, no tiene ninguna importancia en comparación a lo que mis ojos ven. Cientos de personas haciendo colas interminables que atraviesan la plaza de lado a lado. Personas que buscan una silla con una mesa donde apoyarse para poder escribir. Personas que explican y detallan a otras personas cómo hacer aquello que deben de hacer. Están rellenando formularios y documentos donde tienen que explicar y detallar todos los desperfectos de todo cuanto tenían, que en mayor o menos medida a todos afecta. Los hay que lo han perdido todo; con otros la fuerza de la naturaleza habrá sido un poco más compasiva. En las caras de todos se refleja esa resignada actitud que, acaso sin demasiada esperanza, decide volver a confiar en que todo pueda ayudar a volver a la ansiada y necesitada normalidad.

Esa plaza donde hoy todo el mundo escribe, también y como paradoja del destino, tiene una placa dedicada del pueblo de Lorca al genio de las letras D. Miguel de Cervantes.

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La cola de personas es grande y va serpenteando sobre toda la plaza y sobre sus cabezas se divisan algunas estatuas de la Iglesia del Carmen mutiladas por el terremoto.

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Trato, observando aquellas escenas, de ponerme en la piel de quién en apenas en 10 segundos lo ha perdido todo. Trato de hacerme a la idea de cómo o qué escribir en aquél papel para explicar "mis daños", cuando estos son, para quién los vive en primera persona, tan grandes.

Tan fuerte es el impacto de aquellos pensamientos y reflexiones, que finalmente desisto de "quitar" un solo segundo a ese responsable para dedicarlo a mi y mis intenciones, que por muy loables y solidarias que puedan ser, siempre serán infinitamente menores que aquellos a los que la urgencia en la restitución de sus bienes tanto apremian. Es por ello que continúo con esta "dolorosa visita", sin terminar de desprenderme del nudo de la garganta.

Voy deambulando por calles donde inevitablemente se van mezclando las sensaciones. Calles estrechas -de toda la vida - adornadas con plantas y macetas multicolores (geranios, gitanillas; pensamientos...) en sus balcones cuidadas con mimo que dan un aire de alegría y hospitalidad, y que se ven mezcladas con montones escombros. La vida y el color junto a miseria y la destrucción, todo mezclado en un metro cuadrado. Quizá sea esta la mejor fotografía de la vida.

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Finalmente y antes de regresar quiero ver donde están las personas. Quiero ver los campamentos. Ver como las autoridades -todas - se han volcado con los afectados. Es muy difícil llegar, los accesos están restringidos. Vivimos en el país de la picaresca y desgraciadamente ni aún en la desgracia mayor algunos "saben estar".

Aún así consigo llegar al recinto. Antes de llegar se divisan las enormes tiendas de campaña de los militares formando "mares caquis", (en mis años las conocíamos como las Parker, muchos buenos y malos momentos vividos entre aquellas rígidas e inmensas lonas verdes).

Tras aparcar el vehículo a cierta distancia del lugar, me dirijo a pié mientras voy buscando con la mirada algo que capté mi atención. Ciertamente y en la medida que me aproximo mis ojos van reparando en el gran despliegue de material y personal que ante mi se aparece.

Tiendas de Campaña de todos los colores agrupadas por misiones o responsabilidades: Blancas de la Cruz Roja; Naranjas de Protección Civil; Verdes del Ejercito (heroica Legión); tiendas Blancas de distintos Consulados;...

Trailers y camiones, unidades móviles y punto de conexiones para TV y otros medios de difusión.

La puerta del recinto custodiada por miembros de la Policía Nacional y empresas de seguridad privada. Decidido a pasar me dirijo hacía la entrada y a la pregunta ¿Qué desea?, ¿motivo del acceso? ¿Tiene acreditación?. La respuesta es clara, rotunda y sincera. "No tengo acreditación, no soy prensa, solo quiero entrar para hacer un "particular" reportaje, tengo muchos amigos y quiero contarles lo que he visto". Pase usted, es la respuesta.

Una vez dentro del recinto de nuevo el alma en los pies. De nuevo la sensación de impotencia y tristeza. Es la hora de la comida o eso creo. Hay varias colas de personas -en su mayoría inmigrantes- que a pleno sol esperan. Dicen que están asignando unas pulseras para controlar a los damnificados de quienes llegados de otros lugares puedan no serlo. Aun así la escenas son impresionantes, mujeres con niños pequeños en brazos, hombres y mujeres hablando, callados,...

Me dirijo a la zona de las tiendas y calles entre ellas van formando, puertas de lona subidas frente a frente,  separadas por unos metros. En ellas observo, teniendo la sensación de estar invadiendo con la mirada su forzada privacidad, personas sentadas en las literas preparadas al efecto; niños durmiendo bajo las atentas miradas de sus padres; otros jugando con un balón en el lateral de "aquél improvisado hogar de lona": niñas que hablan con sus muñecas quizá contándoles aquello que aún no terminan de comprender.

Decido finalmente no hacer ninguna fotografía en ese lugar. Siento que estoy ocupando un lugar, una casa, (esto es lo que ese recinto es ahora para estas personas), a la que no he sido invitado. No deseo fotografiar el dolor o desconsuelo de una mirada. Prefiero quedarme con la esperanza de una pronta recuperación. Quiero que mis fotografías "hablen" de destrozos y daños... pero superables.

Salgo del lugar y en la puerta hay un pliego de papel pegado a la pared, donde se han ido dejando escritas las muestras de solidaridad y apoyo a estas personas. Y esto si quiero captarlo. Todo lo escrito en ese trozo de papel por grandes y pequeños, por hombres y mujeres por blancos o negros, por españoles o extranjeros, todo quiero que sea captado por esta fotografía. Sin duda esta será la fotografía de la solidaridad. Con esta me quiero quedar.

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Es hora de regresar. Han sido varias horas de intensa emoción. Horas donde ha habido una mezcla de emociones y sensaciones.

Donde he llegado a comprender, una vez más, la fragilidad del ser humano frente a los desastres naturales. Donde he sentido el poco valor que puede llegar a tener las cosas materiales.

Donde he podido ver personas haciendo grupo y unidas en la tragedia pero confiadas en la recuperación.

Personas que sienten las pérdidas pero que han decidido continuar con la mirada puesta en el nuevo  mañana.

Y por supuesto me marcho con el recuerdo compartido de las victimas (9 vecinos) que dejaron sus vidas entre los escombros.

Espero que estas letras, hayan hecho justicia al sentimiento que aquella mañana viví en Lorca. Sensaciones y emociones que fui descubriendo en cada calle y en cada mirada de cada persona con la que me crucé.

Quiero rendir con estas letras un sentido homenaje a las victimas de esta tragedia y un sincero abrazo solidario a todos los vecinos y habitantes de esta bella y gran ciudad.

Juan A. Pellicer

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4 Noviembre 2010

Libro: Mañana, al despertar

 

TÍTULO: Mañana, al despertar

AUTOR: Varios

GÉNERO: Poesía

EDITORIAL: Crealite

160 páginas

ISBN: 978-84-937542-6-6

 "Mañana, al despertar" es una antología especial de poemas de varios autores. La poesía no interesa hoy. No se conocen bien los motivos, si acaso existen, pero se desecha este género de minorías. Sin embargo, nos agrada sentir y expresar lo que sentimos, puede que por medio de una fotografía, puede que por medio de la instantánea de unas palabras que nacieron para ser descubiertas. Vivimos en sueños que duran toda la noche y comienzan al arroparnos cariñosamente mamá. Mañana, al despertar, comenzará un nuevo día, acaso temido o tal vez ansiado. Descubriremos sentimientos nuevos y viviremos una nueva transformación de los que creíamos conocer. Es la aventura, es la pasión. La lectura de un poema dura un sentimiento intenso: cuántos días, quizá solo un momento.

Hoy tienes este libro entre tus manos que suscita tu curiosidad o tu interés y mañana, al despertar, sus palabras se irán filtrando como una lluvia tenue que va calando. Todo será nuevo y todo seguirá creciendo. Anhelos... y una sonrisa".

Mis estimados amigos, conocidos y lectores en general, supone para mí un gran placer así como una profunda y sincera alegría poder presentar en este mi blog, esta Antología de Poesía donde me cabe el honor de haber podido participar junto a otros escritores y poetas.

"Anochece", "Gritos de Cemento", "Instantes", "Mañanas por llegar", "Penumbras de emoción" y "Respuestas", son los Poemas de mi autoria incluidos en esta Obra.

Espero sea de vuestro agrado y disfrutéis con su lectura.

Cálidas sonrisas del color de la ilusión

Juan A. Pellicer

(Jpellicer)

 

PD- Para consultas o compras si no encuentras el Libro en tu librería habitual, os dejo el mail de contacto de la editorial: escritores@crealite.net

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28 Junio 2009

Bosque de Hadas

 

(Fotografía de la Exposición "Paisajes de mi interior")

 

En mis noches, caminando por sendas inexistentes, recorriendo praderas en folios dibujadas, subiendo montañas imaginadas desde abajo,  me recreo y alío con el silencio.  Mis manos, como guiadas por otro, buscan, tocan y sienten ásperas y húmedas maderas que aquellos árboles, al principio de los tiempos, tomaron prestadas para siempre. Mis ojos cansados de mirar y no ver,  en aquellas noches de luna llena, veían sin mirar. Las noches y los días,  mismo escenario para dos representaciones.

En la una no era él; en la otra no era yo. Sintiéndome presa fácil del gran sueño, me abandoné, como quería,  a la suerte de mis ojos y mis manos, ellos, que ya habían dejado de obedecerme, comenzaron, como cada noche, a inventar momentos para mí. Mis ojos abiertos atravesaban la neblina blanquecina que se derramaba y caía como manto que se extiende para abrigar el sueño de los árboles. Mis manos, ateridas, nudos imaginarios formaban recorriéndose y retorciéndose.

Entre aquellos silencios que yo no oía, ¿o si?, y entre aquellos fríos que no sentía ¿o si?, seres mágicos adornados de luces de colores y sonrisas de oro, con sus ágiles y diminutos cuerpos, dibujándose en el cielo, me invitaban a llegar, me invitaban a pasar... De nuevo acabó la noche, de nuevo despejó el día. De nuevo toca dormir, ahora, con los ojos abiertos y las manos cerradas. Aferrado a un sueño del que seguramente no me quería despegar, no por lo menos, hasta descubrir, con mis ojos apagados, cielos de muchos colores atravesados por mágicas figuras que, sonriendo y escondidas, prometieron esperar.

 

(jpellicer)

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4 Junio 2009

Tenemos que seguir

 

"El hijo le preguntó a su padre, 'Papá, formarías parte en el maratón conmigo?
El padre respondió, si'
Fueron al maratón y lo completaron juntos. Padre e hijo fueron juntos a otros maratones, el padre siempre decía 'si' a las solicitudes de su hijo de ir juntos en las carreras.
Un día, el hijo le preguntó a su padre, ' Papá, vamos a participar juntos en el ' Ironman ' ' El padre le dijo si también.
El triatlón Ironman abarca un 2,4 millas (3,86 kilómetros) nadando en los océanos, seguida por una 112 millas (180,2 kilómetros) paseo en bicicleta, y terminando con un 26,2 millas (42,195 kilómetros) maratón a lo largo de la costa de Big Island. "</i>

Queridos amigos, he recibido este video y creo que es maravilloso. A mi me ha impresionado. No se si alguno de vosotros ya lo ha visto, es posible que si. Pensando en aquellos que no lo halláis podido ver, aquí os lo dejo.
Me quedo con el ejemplo y el testimonio.
Me quedo con el mensaje de fuerza, de solidaridad, de amor.
Me quedo con esas ganas de superar los obstáculos.
Me quedo con la fuerza no por ganar, sino por llegar.
Me quedo con la entrega.
Me quedo con el aplauso de las personas que van abriendo las calles a la vez que el corazón.
Me quedo con la sonrisa final.
Me quedo con el signo de victoria.
Me quedo con el triunfo del esfuerzo.
Me quedo con la fe del que sabe que puede.
Me quedo con las ganas de vivir...
Si, queridos amigos, me quedo con la vida resumida en tres minutos...

(Jpellicer)

 

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22 Febrero 2009

Quien me compra una mentira

 

¡¡Mentiras!!, ¿quien me compra una mentira...?

las tengo grandes y pequeñas, señora,

mentiras para chicos y mayores,

para niñas y jovencitas;

mentiras para todos y todas.

Oiga las vendo baratas: dos al precio de una.

Mentiras piadosas, cariñosas...

también en oferta las tengo dolorosas,

Mentiras de hoy y de ayer.

Mentiras de enamorados que dicen "te quieros",

de Jefes que miran a los ojos,

de Políticos que hablan verdades,

de Asesinos que miman,

de Guerras justas;

mentiras de niños muertos de hambre que se ríen,

mentiras de iglesias bañadas de oro

que, sobre palios, ganan cielos y eternidades,

escatimando una moneda para el que sufre.

¡¡Oigan!! pasen y vean señores y señoras,

 mentiras de ocasión,

ponga una mentira en su vida...

Mentiras solas o con promesas

mentiras de gritos o silencios,

mentiras para usar de día o para usar de noche,

mentiras que te dicen guapa,

o te desean felicidad,

mentiras de amigo, de hermano,

incluso suyas, le vendo una mentira suya,

¡¡mentiras señoras y señores!!,

mentiras para todos, baratas... pasen y vean.

Mentiras que no dan asco,

que te ayudan a ser mas feliz,

mentiras nuevas y de segunda mano,

¡¡señores y señoras!!,

la casa de la mentira ha llegado,

llévese dos al precio de una,

"la Guerra ha acabado y Vacunas para todos"

a un euro, señora.

Mentiras para el niño y la niña,

mentiras para enfermos,

para solitarios, para prostitutas y borrachos,

mentiras para creyentes y ateos,

para sabios o insensatos,

mentiras para ricos o pobres,

tengo para todos señoras y señores.

Llévese una mentira,

haga como su vecino, o como su amigo

o como ayer hizo su hermano...

(jpellicer)

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22 Enero 2009

Mi nuevo día, mi viejo día

  

     El día, con su Todo vivido, ya se marcha.

     Se aleja despacio, como no queriendo; se despide otra vez y otra más,  dejando millones de historias atrás, historias que sin argumentos parecieran quedar. Y yo, de nuevo aquí, mirando como te alejas, observando como te disfrazas de noche, dejándome otra vez con la palabra en la boca.

     De nuevo admirando tu sublime belleza, esa belleza con la que solo Tu te sabes adornar.

     Hoy vine a despedirte, y tu, como adivinando, regalándome tu mejor sonrisa, despacio, comienzas a desaparecer.

     Antes del alba, cuando apenas te imaginaba, ya te sentía bello, ahora despidiéndote, sé que no me equivoqué.

     Contigo llegó la paz que buscaba; el pan que necesitaba; el aliento que deseaba; el amor por el que luchaba... contigo llegó todo lo que, incluso sin comprender, me faltaba.

     Tú, mi nueva página aún por escribir; mi nuevo lienzo sobre el que pintar... ese mundo blanco que espera.

     Mi nuevo día, que te me ofreces entero, y yo, pobre, sin entenderte aún después de tantos siglos, conformándome y disfrutándote sólo aquí, testigo de tu despedida.

     Mi nuevo día, mi viejo día...

     Como agua que entre mis manos desaparece, así lo haces tú de mi vida. Contigo marchan mis ilusiones, y mis sueños, y todos mis anhelos, y contigo, como cosidos, marchan también todos mis amores, que no son pocos.

     Junto a ti, seguramente un poco de mí, de la mano, sin volver la mirada, también desaparece. Y mientras te alejas, te desdibujas en negras nubes confundiendo mi mirada, y mientras voy dejando de verte, apenado, tu calor y tu color extraños presentes ocupan ahora imaginarios corazones.

     Ya te imagino... aún más bello. Ahora que no estás, que te puedo poner nombre, que te puedo vestir y dibujar con los más bellos colores que ningún Arco Iris jamás poseyó. Ahora que puedo ser tu dueño (seguramente solo seamos dueños del pasado), ahora que me regalas la noche, ahora es cuando comienzo a creer en tu grandeza.

     Mañana de nuevo regresarás, y vestido con otros colores, un nuevo día me inventarás. El alba, antesala de todo lo que está por vivir, será la que cariñosa, comience a hablarme de ti con músicas de nuevo desconocidas.

     Un nuevo día está por llegar, será bello, será grande, será mío... pero también será Único.

(jpellicer)

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16 Enero 2009

Nuevos ojos...nuevos corazón

Hace muchos años, un sabio de los que a veces conocemos a lo largo de nuestra, me contó una historia que guardo en un lugar distinguido en el fondo de mi corazón.

La historia no es mía, pero tengo la sensación que, de tanto contarla y contármela (en los momentos de tristeza y soledad, es bueno no olvidarse de uno mismo y contarse historias, sobre todo aquellas que nos ayudan a sentirnos un poco mejor en medio de nuestra soledad, pero bueno esta es otra historia que contaré en otro momento...). Esta historia caló tan hondo en mí que incluso me olvidé quien me la contó, por eso pensé que fue un sabio, ellos, los sabios, suelen pasar desapercibidos. De tanto contarla en algún momento creo que definitivamente la hice mía.

Se llama, o le puse el nombre de “La historia de un Hombre Bueno” y dice así…

“Cuenta la leyenda que hace muchos años, muchos. Caminaba un Hombre Bueno acompañado de sus amigos, que también eran hombres buenos, por mitad de un bosque. Iban paseando, charlando, comentando… hablando de todo aquello que suelen hablar los hombres buenos cuando pasean por entre los árboles del bosque. (Todos los hombres buenos, cuando pasean entre los árboles, hablan de cosas muy importantes, escudriñan cosas en el más allá, a veces incluso permanecen en completo silencio para escuchar todos los silencios, ya comentamos en una ocasión que los silencios son los idiomas de la Paz, pero de esto, como la historia de la soledad de arriba, ya lo comentaremos en otro momento). En estos paseos era muy respetada la palabra del hombre más bueno de todos los buenos. Por eso casi nunca hablaba. Casi siempre escuchaba.

Caminando y caminando, este Hombre Bueno, mientras escuchaba y respondía, no dejaba de contemplar todas las bellezas que aquél idílico paisaje inventaba.

Sucedió que pasaron cerca de lo que parecía ser un vertedero. Así lo intuyeron todos aquellos hombres buenos, debido al hedor que según se acercaban, este desprendía. Los hombres buenos, llevándose sus manos a la boca y la nariz, trataban de eludir aquél nauseabundo olor. Era insoportable. En su afán de evitarle al Hombre Bueno pasar aquél mal momento sugirieron dar la vuelta… regresar… cambiar la dirección.

El Hombre Bueno, enamorado de aquél paisaje, y haciendo caso omiso de las advertencias del resto de hombres buenos, decidió seguir con el paseo, adentrándose en aquél lugar repleto de miseria y podredumbre. Todos los hombres buenos, con sus manos tapando sus bocas y narices, y dando arcadas evitando vómitos, con gesto displicente, seguían al Hombre Bueno, que impasible y sin perder la sonrisa, continuaba caminando.

Inesperadamente el Hombre Bueno se detuvo, y quedó fijamente observando lo que en el suelo inerte yacía. En ese instante todos los hombres buenos pararon junto a él para contemplar aquello que había llamando la atención del Hombre bueno, Pronto todos comenzaron a vomitar. Todos comenzaron a protestar. Incluso alguno hubo que abandonó al grupo alejándose. Con mal gesto intentaban apartar y alejar al Hombre Bueno (que permanecía con la mirada fija en aquel perro, que muerto, yacía completamente desfigurado).

La escena ciertamente era muy desagradable. El hedor insoportable. Aquel animal debió tener una muerte muy desagradable. Su cuerpo girado yacía abierto y, gusanos blancos y sedosos, como si de un gran manjar se tratara, corrían entre sus carnes, escondiéndose entre sus huesos, algunos de los cuales se veían completamente fracturados. Sus ojos permanecían abiertos, con esa mirada fría que no dice nada, pero que si te fijas lo dice todo, (por cierto ¿alguna vez habéis observado fijamente la mirada (los ojos) de una persona que acaba de fallecer?, es increíble los mensajes que encierran esas miradas, mensajes que en muchos casos, nos hablan de cosas insospechadas… pero esta es otra historia, como la de la soledad o los silencios de la Paz que hablábamos antes,, de la que hablaremos en otro momento.). Ante el asombro de todos lo hombres buenos, observando como el Hombre Bueno miraba y parecía recrearse ante aquella dantesca, sin comprenderlo, no dejaban de hacer aspavientos de repulsión y repugnancia. Tras un largo silencio, el Hombre Bueno se dirigió a ellos al tiempo que se agachaba señalando con su dedo aquel cuerpo podrido y mal oliente.

-

- Fijaros, decidme que opináispreguntó el Hombre Bueno -.

- Es horrible, da asco, es repugnante, respondían algunos.

- No lo soporto, decía otro.

- Jamás había visto algo tan horrible, contesto otro al tiempo que limpiaba su vomito.

Y así todos, uno a uno fueron constestando. Entonces el Hombre Bueno, acercandose su dedo aún más al cuerpo del aquel animal, dijo clavando su dedo en la dentadura de animal;

Os habéis fijado en los gusanos, en la carne podrida, en los huesos rotos. Habéis sentido el olor desagradable de su podredumbre. Pero ninguno ha reparado en su dentadura. Ninguno se ha fijado lo perfecta que es, lo blanca y lo bien formada que está. Ninguno se ha parado a ver esos colmillos perfectos. No os habéis fijado que aún conserva intactos sus 42 piezas. Tampoco habéis reparado que su boca encajaba perfecta, configurando una cavidad hermética. Además este animal debió estar muy bien cuidado ya que no tiene rastro de sarro ni caries en ninguna de las piezas. El Hombre Bueno explicaba todo esto al tiempo que con su dedo iba detallando todos los pormenores.

Aquellos hombres buenos, mudos, comenzaron a apreciar la belleza de aquella dentadura.

Aquel Hombre Bueno guardó silencio. y al poco tiempo, improvisando una sepultura, depositó aquel cuerpo en aquél improvisado y amoroso nicho.

Esta es la historia del Hombre bueno.

Esta historia me enseño que siempre tiene que haber un motivo para la esperanza, un motivo para la ilusión. Me enseño a buscar, a intentar descubrir el lado bueno de las cosas. Me enseñó que la grandeza y la pobreza son hijas de la misma madre. Y también me enseño que yo puedo, si quiero, ser un Hombre Bueno o por el contrario solo ser un hombre bueno.

¿Sabéis como distinguir a los Hombres Buenos de lo hombres buenos?

Los Hombres Buenos van, a veces en silencio, pero repartiendo sonrisas. Los otros hablan más pero casi siempre están serios.

(jpellicer)

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11 Enero 2009

Bellos y solitarios

Paisajes tranquilos y multicolores; paisajes llenos de azul, el azul de los cielos, de aquellos cielos tan lejanos y tan cercanos. Paisajes soñados y vividos, confundidos en mi interior. Bellos paisajes que sin dueños, esclavos de todos parecieran.

Bellos y solitarios paisajes que nos acogen, acaso para hablarnos sin palabras… mostrándose, de belleza, implorando así, nuestra clemencia.

Paisajes solitarios, que sintiéndose últimos, continúan luchando, simplemente estando; es de este modo como ellos viven, simplemente estando.

Paisajes que fueron los más leales confidentes. Paisajes cómplices que en aquellas noches de verano ocultaban figuras de amantes amándose. Paisajes bellos, que despiertan antes del día, ocultándose para recibir tranquilos, las nanas que la Luna, meciéndolos, le susurran.

Bellos paisajes que intentan rodearnos y abrazarnos, y nosotros pobres desdichados… sin llegar a entender.

Son los mismos paisajes del ayer, que hoy, igual de bellos, lucen menos. Igual de cercanos se sienten tan lejanos.

Paisajes que son nuestra vida; que dieron sentido a nuestro pequeño mundo, que dibujaron nuestros primeros colores; que hablaron para nosotros; paisajes en donde nos perdíamos para luego volver a aparecer más sanos y mas salvos. Paisajes tranquilos que se vestían de verdes y amarillos y yo, entre silencios de admiración bautizaba, llamando Otoño a unos, Primavera a los otros.

Los de otoño me hablaban de fríos, de hojas que bailaban en sus suaves caídas, de senderos húmedos y ríos plateados. Aquellos de Otoño eran bellos, porque entre ellos, melodías impensables llegaban a nosotros envueltas de trinos aislados a modo de despedida. También los de otoño tenían el encanto del último adiós, de la noche, del sueño tranquilo, del beso en la mejilla y la suave caricia de la mano posada, como protegiendo, nuestra faz. Aquel rostro del que aún sin marcas ni arrugas, ni lágrimas que, en su huida, van dibujando sobre nuestra piel aquellos ríos plateados, sonríe tranquilo y cerrando los ojos se entrega a la noche.

Los de Primavera, alegres, vestidos de todos los colores, aquellos que adornaban su cabeza con su mejor tocado, tocado llamado Arco Iris. Aquellos paisajes de primavera, como niños jugando, presumidos, vestidos de domingo. Paisajes de primavera soñados, ansiados, deseados…

Ellos fueron la inspiración del poeta; el lienzo del pintor, la morada del que ama, ellos aportaban esa nota perdida en la más bella de las melodías. Ellos también fueron el sosiego y la armonía del inquieto y la fuerza del débil. Los paisajes de primavera siempre fueron cortos porque siempre eran vivos. Las personas nos hablaban de ellos, a su manera, así conocíamos de su llegada; cuando los almendros se vestían de blanco, cuando miles de especies, al tiempo despertaban; cuando aquellos ríos plateados, locos de alegría, saltaban por encima de las rocas, cuando podíamos ver a lo lejos mas paisajes de más primaveras y cuando al final del día, aun impregnados de hierba y verde y con todos los colores llenando nuestro corazón, dibujando sonrisas abrazábamos de nuevo nuestra Luna.

Bellos y Solitarios paisajes que fuisteis todo para Todos; que entre vuestros colores todavía hay millones desconocidos y entre vuestros aromas aun guardáis los mas preciados para la segunda vez….

Bellos paisajes, decidnos:

¿Alguna vez fuimos parte de ti?...

Tu silencio, ese que escucho siempre que te miro, me dice que Si.

- Entonces discúlpanos si tantas veces te ignoramos.

(jpellicer)

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Poesía y Fotografia (de jpellicer)

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Mi nombre es Juan Antonio pero se me conoce más por Pellicer. Resido en Cartagena, pequeña ciudad del sur de España bañada por el Mediterraneo. Desde hace mucho tiempo vengo disfrutando del mundo de la Fotografía y la Poesia. El mundo de la fotografía, es apasionante ya que te permite no solo disfrutar con la contemplación del mundo que te rodea, sino también te brinda la oportunidad de interpretarlo, sentirlo... vivirlo. Vivir y sentir esta fusión de Poesía y Fotografía es asumir un reto. Con este nuevo espacio lo que pretendo es precisamente eso, tener y ofrecer un lugar donde compartir sensaciones. Sensaciones expresadas a través de mis dos grandes pasiones. Juan A. Pellicer es Presidente de la Asociacion de Escritores de Murcia (AERMU). Es miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España y Delegado para la Región de Murcia del Sindicato Nacional de Escritores de España. Para comprar mi libro en Cartagena, puedes dirigirte a: Libreria Alfonso XIII Paseo de Alfonso XIII, 37 Cartagena. Murcia Comprar la descarga en Todoebook
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