Miradas cargadas de esperanzas que, llenando los espacios, inventan cada mañana;
Miradas tristes unas veces, alegres otras… miradas gentiles y llenas de compasión y amores infinitos;
Miradas que nos trasladan a mundos perfectos que lo son, solo en nuestra imaginación;
Miradas llenas de amor, miradas que invitan a volver a mirar;
Miradas que abren sendas de oro por las que caminar empujados por suaves soplos de ternura;
Miradas cómplices de amores perpetuos que indelebles estarán todas las eternidades;
Miradas que no miran cuando lo único que te importa es no mirar;
Miradas que con la voz más alta que puedas imaginar, la que solo puedes escuchar tu, te dicen, solo a ti, mírame.
(j.a. pellicer)
servido por jpellicer
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Miradas perdidas, quizá no tan perdidas. Miradas que, aún estando, voluntariamente perdidas, no dejan de hablar, seguramente de pedir. Miradas que se convierten en la razonable explicación del que ha llegado.
Las miradas perdidas, descansando sobre mundos de paz merecidamente ganados, nos transportan a mundos tranquilos y serenos donde el aire lleva aromas de azahar y el viento peina canos cabellos que, como juncos, juegan con él.
Campos sin puertas, fronteras ni barreras donde pasear es obligación, cantar devoción y amar… estar.
El hombre, necesita conocer y reconocer su mundo de paz, caminar hacia él, reconciliarse con el resto de seres humanos, que como él también, obcecados y obstinados en estúpidas batallas, han perdido sus miradas.
Miradas perdidas que se convierten en continuas invitaciones a desechar y elegir; miradas de paz que, desde los silencios más profundos, nos gritan que: “… ahora puede ser el momento, porqué ya ha llegado el momento…”
(j.a. pellicer)
servido por jpellicer
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